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La batalla pendiente
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Juan Carlos Pérez
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hace unas semanas se anunció en el tradicional primer partido de esta parte de nuestro país que, ante su próxima asamblea general (congreso para el común de los mortales), habían parido una ponencia política de unanimidad y consenso entre las llamadas dos almas que habitan en dicho partido. No entraré a dilucidar si una es mejor que la otra, pues para eso tendrán su debate en dicho congreso a primeros de diciembre. Lo trascendental es que Imaz nos sorprendió con su dimisión y abandono de la política activa. ¿Qué trascendencia tiene esto?
Ninguna. No tiene trascendencia más allá de la salida de escena de una persona que más bien se quemó a lo bonzo en verano con unas ideas en las que cree que suponen el retorno a épocas como las del Arriaga o la era Ardanza. Una época que, recordemos, supuso un parón en las reivindicaciones nacionales de este pueblo. Es legítimo el planteamiento, pero hemos de ver claramente a dónde llevan. Por otro lado, el sector o alma de Imaz está perfectamente representado por Urkullu, Ariztondo o José Luis Bilbao, por lo que, incluso, pudiera ser una operación táctica para poner de presidente del EBB a uno de los anteriormente citados o, por qué no, al legendario Sudupe en el cargo, y postular a Imaz dentro de dos años como candidato a suceder a un Ibarretxe, al que ven más bien como un obstáculo que como un activo de cara a la construcción nacional de este país, pues la deriva mayoritaria del actual EBB no es ya esa.
Entendiendo el punto en que nos encontramos, debemos recapitular y centrarnos en lo que tenemos y en lo que nos falta. Tenemos un Estatuto que fue torpedeado desde la línea de salida. Que se lo digan al lehendakari Garaikoetxea, que no ha sido cumplido en su integridad por voluntad política. Que se lo digan al lehendakari Ibarretxe, que era vicelehendakari cuando en 1995 se hizo inventario de las competencias pendientes. Que son la base de la materialización del nuevo estatuto. Necesidades, no nos olvidemos, necesidades de la evolución de los tiempos. Y de hacer frente a cuestiones como las leyes de bases, la defensa en Europa del concierto económico (en el que el estado era y es acusador y defensor) o la plasmación de leyes europeas en leyes aquí que siempre se hacían en Madrid, aunque fuéramos nosotros, en el Parlamento vasco, donde residiera la competencia. Y ese nuevo Estatuto recibió la mayoría absoluta del Parlamento vasco y un portazo en Madrid. Ni un nuevo Estatuto nos aceptaron.
Por otro lado, debemos mirar a Europa y vislumbrar que el derecho de autodeterminación está en vigor y de actualidad. Lo estuvo en Montenegro, donde cumplieron los criterios marcados por la UE. Y aunque una mitad del país votó por mantenerse dentro de la federación con Serbia, el país existe, no ha habido éxodo, está en la ONU y sus relaciones con sus vecinos son buenas. O en el caso de Kosovo, que mal que les pese, será estado independiente dentro de pocos meses. O más claro es el ejemplo de Escocia. Otros, al entrar en el gobierno, hubieran establecido una agenda de consolidación institucional, búsqueda de la mayoría absoluta y después de esas elecciones plantear... Pues no. El SNP ha ido directo al grano. Prometió una consulta sobre la independencia y eso es lo que hará en 2010. Porque le importa el futuro nacional de Escocia y quieren cumplir no sólo con una promesa electoral, sino con las bases fundacionales del partido.
Llegamos al final. O al principio de un nuevo capítulo, que es lo que aludía en el título. La batalla pendiente es la de nuestra soberanía nacional. Como vascos, como abertzales nuestra aspiración es vivir en un país libre, independiente, soberano. Dentro de la UE como Lituania, Eslovenia, Chipre o Chequia. O la misma Irlanda. Un estado en paz. Un estado próspero. En el que podamos mantener nuestro actual nivel de vida, y, por qué no, mejorarlo. Entonces sí que estarán todos los recursos a nuestra disposición para llevar a cabo nuestras políticas en todas las materias. Y no sólo en aquellas que Madrid nos deja de un Estatuto de autonomía, sino aquello que nos permita nuestra propia constitución soberana.
La batalla pendiente la debemos dar hoy. Porque podemos. Con la palabra. Con la voluntad de la sociedad. Con la consulta. Con el voto en ella. Con aquello que nuestros mayores hicieron por este país cuando eran tiempos oscuros, y es el amor a esta tierra y la confianza en que el futuro que se nos abre está en nuestras manos. Esa es la batalla que debemos dar entre todos. Más allá de que ya no esté Imaz, pues lo sustancial, al final, es mucho más importante que lo accesorio. Y allí nos veremos. En la construcción de Euskal Herria.
* Es militante de EA en Getxo
Como abertzales nuestra aspiración es vivir en un país libre, independiente, soberano, dentro de la UE
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Debemos mirar a Europa y vislumbrar que el derecho de autodeterminación está en vigor y de actualidad |
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