Emilio Martínez-Lázaro es el director de la película 'Las 13 rosas', que cuenta la historia real de trece chicas jóvenes que fueron detenidas por 'rojas' y fusiladas en 1939 en Madrid acusadas de cometer un atentado en el que no tuvieron nada que ver. El filme se estrena este viernes. bilbao.Ésta es una película basada en hechos reales.
Sí y lo más difícil fue decidir el tono, porque lo que no quería es que quedara una película estereotipada, artificial, con héroes soviéticos. El otro peligro del que quería huir era que la gente pensara que este fusilamiento fue una equivocación de las tropas vencedoras, cuando en realidad fue algo muy planeado, como escarmiento para que no se volvieran a reorganizar los partidos políticos de izquierdas. Encontré el tono adecuado cuando conocí a una superviviente, a Mari Carmen Cuesta, que me habló de cómo eran las chicas, de su vitalidad. En la película se ve cómo en la carcel son muy alegres: bailaban claqué, hicieron la canción de la cárcel de Ventas... Esto hace que la película tenga tanta fuerza al final porque se ve que estas chicas en la carcel, en medio de aquella miseria son capaces de movilizarse y de ayudar a sus compañeras. De pronto llega la pena de muerte, que es algo incomprensible para todo el mundo.
Es una historia de sentimientos.
Quería huir de que la película nos contara el marco político, porque el marco político hay que contarlo en los libros de historia, donde se dan datos, etc. Para hacer una película hay que crear personajes.
Teniendo una historia como esta, ¿es posible ser objetivo?
Yo creo que he sido bastante objetivo. Buscar aquí un equilibrio entre los buenos y los malos es imposible. Aquí hay unas víctimas y unos verdugos y yo he intentado encontrar otro tipo de equilibrio, que es el humano, por ejemplo, cuando he humanizado a las directoras de la carcel de Ventas, que realmente eran unas señoras con muy mala leche. Pero a mí me parecía mucho más bonito hacer que incluso para ellas, que las sacaron para llevarlas a fusilar, fuera un drama espantoso porque sabían que eran inocentes. Para el público era mucho más dramático así. Como esto es una película y no un libro de historia me he permitido esa libertad.
Las chicas se aferran a la normalidad a pesar de estar en la carcel.
Esto es básico en la película. El espectador ve un grupo de chicas que van de la comisaría a la cárcel y que están llenas de vitalidad y no han perdido sus ideales. Siguen pensando y hablando igual y eso es lo que hace más brutal el final, cuando las condenan.
¿Llegó a implicarse personalmente en la historia de estas chicas?
Claro que sí. No sólo con la historia de estas chicas, sino de las actrices que se tomaron sus papeles tan en serio que los rodajes llegaron a ser traumáticos. Llegué a preocuparme.
La personalidad de cada una de las rosas está muy cuidada. ¿Se documentó con lo que le contó la superviviente?
No. Eso me lo inventé yo. Marta Etura encarna a Virtudes, una de las chicas que era la intima amiga de Mari carmen Cuesta, y de ella sí que me contó cosas. Virtudes era una militante que sabía dar doctrina y Mari Carmen la admiraba muchísimo. Sin embargo, me contó que se vino abajo en el último momento. Precisamente la que parecía que era la líder natural del grupo. En cambio, Blanca, la católica, mantuvo una entereza enorme hasta el final. Estas son las contradicciones que se dan en el ser humano y que hacen que en momentos tan graves como éste el comportamiento no sea predecible. Eso es algo que me ha gustado contar en la película.
¿Cómo fue el proceso de selección de las actrices?
A las protagonistas las elegí y las rosas secundarias son fruto de un casting en el que tuvimos 25 actrices sensacionales. Casi todas venían de televisión. Para seleccionarlas les dimos un papel y un lápiz a cada una de ellas, y les dijimos: "Tú estás en la carcel y te van a fusilar dentro de unas horas y tienes que escribir una carta a tu madre". Fue desgarrador verlas. Empezaban a llorar bajito, bajito y luego les entraba un hipo y un llanto...