BILBAO. El presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, ha puesto especial hincapié en su programa político en realizar una profunda reforma de la Seguridad Social y, en especial, de lo que el considera importantes privilegios que tienen los funcionarios galos.
Sarkozy quiere más flexibilidad laboral, acabar con las prejubilaciones exageradas, los maquinistas ferroviarios, por ejemplo, se pueden retirar a los 50 años de edad, con el elevado coste que ello supone para las arcas públicas, y reducir las plazas, y de paso el peso, del funcionariado.
El presidente galo anunció una reforma global que devuelva la eficacia al agotado sistema social francés que ha dejado las cuentas públicas del Estado, según el propio primer ministro, François Fillon, "al borde de la quiebra".
Según los datos que maneja la CE, Francia prevé un déficit público para 2008 del 2,4% con una deuda superior al 60% del PIB. Todo ello con un PIB que crece a tasas del 1,9%, menos de la mitad que el de la CAV, que este año rondará el 4%.
El primer objetivo de Sarkozy es el de recortar los privilegios de los regímenes especiales de jubilación, de los que se benefician 1,6 millones de personas y cuestan unos 5.000 millones de euros al año a los contribuyentes. La medida se creó para compensar la dureza del trabajo en algunos sectores (ferrocarriles, metro, electricidad o gas, entre otros) u oficios con una vida laboral, en teoría más corta (actores y artistas varios) pero el presidente francés considera que jubilarse, por ejemplo a los 50 años como maquinista de tren es un premio que no puede pagar la sociedad.
El actual Gobierno francés quiere armonizar la edad de jubilación y el tiempo de cotización de estos regímenes al régimen general del sector público. El objetivo final es que todos estos colectivos coticen 40 años.
También quiere suprimir la ley de las 35 horas semanales e incrementar la flexibilidad laboral, cargar con más impuestos a los que se acojan a prejubilaciones, así como dejar de pagar el desempleo a los parados que rechacen dos ofertas de trabajo.
El otro gran caballo de batalla de Sarkozy es reformar la función pública. El nuevo presidente francés quiere romper con el concepto colectivo de la función pública y pretende individualizar el acceso al funcionariado, además de reducir su número. Así, uno de cada dos funcionarios que se jubilen no será reemplazado. |