PARÍS. Nicolas Sarkozy consiguió ayer su primera gran huelga como presidente de Francia. La protesta organizada contra la drástica reforma que ha planteado en los regímenes especiales de pensiones tuvo un seguimiento masivo en el transporte público terrestre, un hecho que sin duda pone a prueba la determinación del dirigente conservador de llevar a cabo su reformas.
El éxito de la convocatoria de los sindicatos fue particularmente evidente en los trenes, ya que sólo alrededor del 5% de los programados en el país circularon, y la dirección de la compañía de ferrocarril SNCF reconoció que casi el 75% de sus trabajadores se habían sumado al paro. El transporte urbano se vio "fuertemente perturbado" en París -con la mayor parte de las líneas del metro paralizadas-, pero también en buena parte de las 28 otras ciudades convocadas al paro.
La movilización tuvo menos visibilidad en el sector de la energía, donde las direcciones de EDF y GDF anunciaron proporciones de huelguistas de algo más del 50%, mientras las centrales las elevaban a horquillas de entre el 60 y el 90%.
El Gobierno quiso mantener un perfil conciliador y el ministro de Trabajo, Xavier Bertrand, afirmó que "la huelga no impide el diálogo", antes de insistir en que la reforma "será progresiva" en los regímenes especiales, de los que se benefician medio millón de empleados esencialmente de los ferrocarriles, los transportes urbanos y las compañías estatales de energía EDF y GDF.
En todo caso, Bertrand alertó de que, sin reforma, "no se puede garantizar" que los acogidos a esos regímenes podrán cobrar sus pensiones "en cinco, diez, o quince años".
El portavoz del Ejecutivo conservador, Laurent Wauquiez, lo había dicho con términos más claros por la mañana: "no podemos ceder" en el aumento del periodo de cotización que da derecho a una pensión completa, que con la reforma debe pasar de 37,5 años a 40 para equipararse con los del régimen general.
Un punto en el que choca de plano con las reclamaciones de los sindicatos, que quieren "verdaderas negociaciones", como señaló la CGT, que previno de que "si el Gobierno siguiera en una posición intransigente, tendríamos que contemplar la continuación" de las protestas.
Thibault, consciente de que para tener éxito la movilización necesita un respaldo de la opinión pública, repitió la idea de que la reforma de los regímenes especiales no constituye más que "una anticipación de una tercera reforma" que afectará a los sistemas de pensiones de todos los trabajadores.
En la mente de unos y otros estaba el recuerdo de las huelgas gigantes de 1995, también con motivo de las pensiones, que obligaron al entonces primer ministro, el conservador Alain Juppé, a dar marcha atrás a su reforma y, al final, le costaron el cargo. >efe |