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Mesa de redacción
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Josep Lluís
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Juan Carlos Ibarra
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DICEN que Josep Lluís Carod-Rovira debería haber aguantado el tipo ante los dos ciudadanos que le rebautizaron en un programa de televisión, con la excusa de que "no sabemos catalán". Dicen que tenía que haber tirado de sentido del humor y haber respondido: "Llámeme usted como quiera, buen señor", aun a riesgo de dar pie a que el buen señor, y la buena señora que le siguió la gracia, le llamaran lo que todos sabemos que estaban deseando llamarle, es decir, de todo menos Josep Lluís. Dicen que el político de ERC demostró su talante intolerante, sectario, excluyente... por enfrentarse así a unos ciudadanos de a pie, expresión que se suele utilizar como sinónimo de inocente, bienintencionado y políticamente correcto. Ahora, si el ciudadano de a pie es uno que, en lugar de ciscarse en las lenguas autonómicas, se atreve a preguntar por qué no se puede hablar en euskera o en catalán o en gallego desde la tribuna del Congreso de los Diputados, entonces ese ciudadano de a pie deja de ser una persona inocente, bienintencionada y políticamente correcta, para convertirse en un insustancial nacionalista que, si te descuidas, se llama Josep Lluís o Joseba Gotzon. En determinados sectores ideológicos de este Estado que llaman España está extendida una severa incapacidad mental para asimilar y asumir la existencia de pueblos distintos al español, con lenguas distintas a la española, culturas que no son españolas y deseos de poder ser lo que son: vascos, catalanes o gallegos, y que si son españoles es por imperativo legal y porque no les consultan. Dos ejemplos de ello son el señor y la señora que son incapaces de pronunciar las palabras Josep y Lluís, cuando seguro que han llegado a vocalizar perfectamente otras como cromagnon o neanderthal.
jcibarra@deia.com |
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