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Imagen de la actriz en sus tiempos de gloria cinematográfica. Foto: afp |
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Muere a los 86 años Deborah Kerr, una de las grandes damas del Hollywood clásico
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La protagonista de 'Aquí a la eternidad' fue nominada a seis Oscar y sólo acarició la estatuilla al fin de su carrera.
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Christoph Sator
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londres. Era una de las grandes damas de Hollywood, pero pese a todo su éxito, su carrera estuvo plagada de oportunidades que se desvanecieron. No sólo porque en 'Algo para recordar' protagonizara la cita frustrada más famosa de la historia del cine, sino, sobre todo, porque en casi ocho décadas ninguna mujer ha tenido tan mala suerte como ella con los Oscar: seis nominaciones y ninguna estatuilla, hasta que finalmente la Academia le entregó el Oscar en reconocimiento de toda su carrera.
El martes murió en el condado de Suffolk, en el este de Inglaterra, anunció ayer su representante. Tenía 86 años, y los últimos los había pasado enferma de Parkinson.
Algunas escenas de esta escocesa, que comenzó su carrera como bailarina, son ya toda una leyenda. Una inolvidable es su apasionado beso entre las olas con Burt Lancaster en 'De aquí a la eternidad'. O su papel junto a Yul Brynner en 'El rey y yo', cuando el rey de Siam, pese a las estrictas reglas palaciegas, sucumbe al encanto de una pequeña profesora inglesa. Y sin olvidar su interpretación de orgullosa romana en clásicos como 'Julius Cesar' y 'Quo Vadis?', o cuando encarnó a una monja irlandesa en 'Sólo Dios lo sabe'.
En total la actriz ha participado en más de 50 películas. La más memorable sea quizás "Algo para recordar", una de las grandes historias de amor hollywoodenses que protagonizó junto a Cary Grant. La pareja se da cita en la cima del Empire State, pero un trágico accidente convierte el reencuentro en drama. Su mirada al darse cuenta de que el gran amor de su vida se le ha escapado todavía hoy hace saltar las lágrimas.
En Hollywood, la escocesa estaba considerada como el prototipo de mujer elegante y con estilo, ideal para interpretar los romances más decentes. Salvo en la escena del beso del filme "De aquí a la eternidad", apenas encarnó a otro tipo de mujeres. Y esa imagen moral volvió a encajar perfectamente cuando a finales de los salvajes años 60 se despidió de Hollywood, asqueada por la ola de sexo y violencia que inundaba los cines, según sus biógrafos.
"Nunca tuvo una escena mala", escribió el autor Leonard Malton sobre su carrera. Tampoco sus compañeros de reparto escatimaron en halagos: Robert Mitchum, con quien se puso tres veces ante las cámaras, afirmó que congeniaban tan bien que sus escenas podían rodarse en lugares distintos y después mezclarse en el estudio sin que los espectadores llegaran a notarlo.
Hasta mediados de los 80 todavía podía verse a Kerr en algunas producciones de teatro y televisión. Desde entonces, todo ha sido silencio en torno a ella. La actriz pasó la mayor parte del tiempo junto a su segundo marido, el escritor alemán-estadounidense Peter Viertel, en un monasterio de Suiza. En sus últimos años, enferma de Parkinson, buscó la cercanía de su familia y regresó a Gran Bretaña. |
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