como ya sabrán, el Centro Superior de Artes Escénicas tendrá su sede en La Alhóndiga. Como ya imaginarán, la elección ha alegrado tanto a los ediles del Nervión como entristecido a los de La Concha. Los actores y actrices del terruño han pasado de memeces banderizas porque la distancia entre las capitales del País Vasco les parece una pijada si se compara con su peregrinaje profesional a Madrid, con parada obligada y larguísima en Lerma. Esta bella localidad burgalesa es célebre porque allí nació la diseñadora Amaya Arzuaga, por su palacio ducal del siglo XVII y por la dadaísta relación calidad/precio del Hotel Alisa, cuyos bocatas son viejos conocidos de la dentadura mellada de todo el que viaja en autobús. Pídanse uno de tortilla, cierren los ojos y se sentirán transportados al Yemen, donde mastican la hoja de kat a carrillos llenos durante horas.
Bueno, a lo que iba, a la chapa de los mojones fronterizos. Hace días se hablaba de la fusión de las cajas de ahorro y Odón Elorza expresó su temor al "centralismo" bilbaíno, queja tan rentable como alicorta cuando se trata de ganar las elecciones. Sólo hay que recordar las batallas de Mosquera y Gorordo, cada uno con su ombligo. En esta ocasión, en cambio, el alcalde vecino se ha limitado a lamentarse sin meter el dedo en el ojo ajeno, lo cual habría sentado fatal al nuestro tras la decisión del Gobierno Vasco de instalar el Centro Superior de Música en San Sebastián. Lo uno por lo otro, pues, y Salomón en la todos. Y uno, que odia las rencillas provinciales por ver quién mea más lejos, aplaude ese ejercicio de responsabilidad institucional del donostiarra. Teniendo en cuenta que el voto de un vizcaino vale la mitad de lo que vale el suyo y la quinta parte de lo que vale el de Rabanera, mejor no menear el cesto reivindicativo, no vaya a despertarse el león foralista. |