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En la jornada de Todos los Santos los cementerios se llenan de gente, flores y recuerdos. Foto: oskar martínez |
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especial todos los santos
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Un día para celebrar la tradición
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Como ya es sabido la festividad de Todos los Santos se celebra el 1 de noviembre, día en el que las reuniones familiares, los dulces y los amigos cobran un peculiar protagonismo.
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UN día para el recuerdo. Ésta es una de las características principales del día de Todos los Santos que celebraremos el jueves, 1 de noviembre. Es un día que tiene dos caras. La primera es rendir homenaje a aquellos allegados que ya no están y la otra representa la diversión y las reuniones familiares.
A lo largo de todo el día, pero sobre todo por la mañana, los camposantos se llenarán de personas que se encargarán de limpiar y adornar las lápidas de sus seres queridos.
Ya se ha convertido en una cita anual y este primer día de noviembre la tradición se juntará con el hábito y el significado que esa jornada supone, para dar origen a unas reuniones familiares, que en muchos casos, el resto del año no se dan. Por lo tanto, también es un día para la celebración, las risas y los buenos recuerdos.
En esta jornada de recogimiento no sólo los mayores son los protagonistas, ya que los más pequeños se dedican, ajenos e inocentes, a pulular y jugar entre las tumbas, mientras a las puertas de los cementerios, los puestos de flores y dulces hacen el agosto con aquellos rezagados en comprar los ramos o con los caprichos de los niños pidiendo rosquillas.
Otro de los productos más esperados en Todos los Santos son los dulces que se elaboran exclusivamente para este día, como son los huesos de santo o los buñuelos de viento. Sí es verdad que la mayoría de la gente los compra ya hechos en las pastelerías, pero hay otros que los preparan en su casa de forma artesanal, poniéndole la 'guinda' a un día tan reseñado.
tradición milenaria No son únicamente los pueblos de culto católico quienes a lo largo de los tiempos han rendido homenaje a sus difuntos. Ya los celtas celebraban, la misma víspera, la fiesta denominada 'Sambein', donde se marcaba el final del verano y las cosechas y se daba la bienvenida al frío y a la oscuridad. Además, en la ceremonia se creía que el dios del inframundo hacía volver a los muertos, permitiendo la comunicación entre los dos mundos. |
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