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TELEVISIÓN
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Emisión Imposible
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Pulpos y ruedas
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Javier Arizaleta
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No me pregunten cómo es el perfil de los que siguen Mira quien baila. Desconozco si lo que les mueve a conectarse semana tras semana obedece a su condición de amantes de los bailes de salón o, simplemente, que les gusta comprobar cómo se machacan los invitados o esos chistes que cada día con más desgana sueltan Mariano y Deltell. Desde que se fue la nieta del caudillo, el programa desde luego ha perdido su capacidad de sorpresa. Quizás por eso, los invitados le quieran dar marcha. Y si no a qué viene que ayer mismo Anne Igartiburu diera con el paripé de una primicia que Ivonne Reyes y Alvaro Bultó se hubieran enrollado. El tema suena algo cutre y es más viejo que la tos. Estos bailarines en realidad son actores y, como tal, saben que cuánto más se hable de ellos más tiempo los tendrán en el programa por el morbo que puedan despertar en la audiencia. Y para morbo, el que le pone Serafín Zubiri, que no pierde oportunidad de palpar y medir el talle a la Igartiburu. Lo que comenzó como una broma se está convirtiendo en un guiño digamos simpático que una presentadora con esas tablas no lleva del todo bien o, eso parece, vamos.
Los que deben llevar muy bien los abrazos que vimos en Interlagos son los de Telecinco que, a pesar de que su chico dorado no consiguiera la carambola que muchos esperaban, lograron que 10 millones de espectadores estuvieran pendientes de esa timba con ruedas y acelerones. El bochornoso espectáculo entre Alonso y Hamilton desde luego poco tiene de deportivo. Parece más una historia rosa ya que se ha constituido en la ruptura más destacada de este año. La Fórmula 1 queda bien situada por la tensión que ha dejado suspendida en el ambiente. Pero todo ese círculo mediático de enfrentamiento ha sido un espectáculo verdaderamente patético. |
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