apesar del encapotado cielo y el sirimiri que caía, decenas de cuadrillas de Balmaseda invadieron ayer la villa con olores guisanderos en el día grande del patrón, San Severino. La tradición obliga y cada 23 de octubre en esta localidad se cocina un guiso en putxera que caldea el ambiente y le da a cada rincón un aroma característico de cocina de toda la vida. Un sofrito de verduras bien picaditas en el fondo, alubias rojas o agarbanzadas y todos los sacramentos tradicionales, donde no pueden faltar el chorizo, la morcilla y el tocino. Si es menester, también está permitido añadir algo de costilla, falda de vacuno u otro producto porcino. Aquí la olla expres está desterrada. Todos los ingredientes a fuego lento con carbón vegetal hirviendo en la putxera, un recipiente que ya utilizaban los maquinistas del ferrocarril a vapor de La Robla. Si hierve demasiado, nada como "asustar las alubias" con un poco de agua fría. Para rematar, por supuesto, su punto justo de sal.
Aunque, también hay novedades dentro de la tradición, ya que, por primera vez en la historia, parte del jurado ha sido femenino. Otro paso más en la igualdad dentro de un mundo, el de la putxera, que ha sido siempre masculino. El gusto femenino y su paladar fue determinante en las votaciones, o no. Y es que este año ha ganado el Txoko Arria I, de Balmaseda, también primer premio en las dos últimas ediciones del concurso. Esta cuadrilla recibirá los 600 euros, la txapela, la putxera de oro y un viaje en el Trascantábrico de Feve. La putxera de plata ha sido para Kanorea I y la de bronce para José Luis Arretxederra, ambos de la villa. Vistos los resultados, el incorporar mujeres al jurado no ha cambiado mucho el veredicto final.
En esta trigésimo séptima edición la afluencia ha sido menor ya que han sido unas 10.000 personas las que se han acercado a disfrutar de esta peculiar fiesta donde ayer se presentaron 112 putxeras. "Es normal, San Severino este año ha caído en martes y mucha gente no puede pedir un día libre en el trabajo para venir" nos comenta Juan. Para muchos, la jornada comienza temprano y acaba bien entrada la madrugada, ya que después de la comida popular la gente acude a la verbena o a los bares del casco histórico, sin importar en qué día de la semana estemos. En la villa es bien sabido que cada cual tiene su preferencia a la hora de buscar un hueco para cocinar en la plaza. "En mi cuadrilla siempre mandamos a un par de amigos de avanzadilla. Están aquí desde las seis de la mañana guardando sitio" nos dice Miren. "Pero no creas, no madrugan, más bien hacen gaupasa y por eso son los que hemos fichado para conseguir un buen sitio". Y mientras los más cocinillas se pasan la mañana vigilando el guiso, los demás aprovechan para tomar unos tragos en los alrededores de la plaza. "Yo me llevo la putxera en este carrito" nos muestra Miguel, bien pertrechado con su gorro y su delantal, "así puedo vigilar las alubias mientras poteo con la cuadrilla". Es uno de tantos casos. Porque en esta villa encartada, la putxera sigue siendo, y para muchos años, una de las tradiciones más queridas y el auténtico plato fuerte de sus fiestas de octubre. |