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Economía y bienestar
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¿Sobrevivirá el empleo creado estos últimos años en Euskadi (y II)?
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Jon Bearra
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Entre los aspectos críticos para valorar la sostenibilidad del empleo, además de los meramente cuantitativos, están los relacionados con la calidad del mismo. Entre estos últimos, hay que destacar algunos como los perfiles de cualificación (formación, valores y competencias) de las personas entrantes al mercado laboral, la capacidad innovadora y de crecimiento futura de las organizaciones empleadoras, los niveles de estabilidad laboral del puesto, los cauces para el desarrollo y reconocimiento profesional que ofrecen las empresas del sector, la remuneración, las condiciones de seguridad e higiene en el trabajo, los niveles de conflictividad laboral de la empresa o sector, etc.
Todas ellas son variables cualitativas importantes desde el punto de vista de la pervivencia del empleo generado en Euskadi para el futuro. Es cierto que para emitir un juicio mínimamente objetivo, debemos contar con datos contrastados y contrastables. La medición y evaluación de algunas de estas variables es compleja, al no existir instrumentos e indicadores homogéneos y compartidos por los agentes socioeconómicos y las administraciones públicas.
No obstante, hay aspectos son más fáciles de medir. Así, sabemos que la temporalidad en el empleo se correlaciona más estrechamente con algunas ramas de actividad terciarias y, en especial, con el sector de la construcción, el comercio, la hostelería, o los servicios personales, precisamente las que han sido surtidoras de empleo fundamentales en la economía vasca del quinquenio 2001-2006.
No sería de extrañar que nos encontráramos ante el inicio de alzas notables entre las tasas de paro en las actividades inmobiliarias, de construcción y similares en el corto plazo. En cualquier caso, no harían sino ayudar a sanear un sector claramente sobredimensionado por mor de intereses especulativos y poco ligados a la economía real.
También conocemos que los niveles de capital humano de la población activa siguen aumentando en Euskadi, y poseemos ya una juventud con un nivel formativo medio muy superior al de generaciones anteriores. Tan es así que en nuestra Comunidad cerca del 48% de las personas activas presenta un nivel de educación superior, lo que nos lleva a ocupar las primeras posiciones en el ranking regional europeo en lo relativo a esta cuestión.
Con ser ésta condición sine qua non para la mejora de las condiciones de empleabilidad de nuestra población activa, no es suficiente por sí misma ante el nuevo escenario socioeconómico. Una de las asignaturas pendientes, reiterada por la Comisión europea, es la referida al aprendizaje permanente de los trabajadores, aspecto en el que las organizaciones vascas aún deben mejorar notablemente hasta alcanzar los parámetros de los países más avanzados.
Asimismo, sabemos que la generación y ocupación de capital humano (creación de empleo) por parte la industria y los servicios de nivel tecnológico medio-alto, resulta indispensable para adecuar la estructura productiva de un territorio a las nuevas demandas globales de competitividad.
Sin embargo, el análisis básico de los flujos de inversión de los recursos financieros generados o gestionados por las entidades bancarias vascas estos últimos años, nos ofrece una fotografía en la que los grandes proyectos beneficiados no han sido los industriales o los intensivos en capital humano cualificado, sino más bien los relacionados con la construcción y el crédito hipotecario destinado al sector de la vivienda.
En definitiva, crecimientos de empleo e inversión en sectores poco innovadores, de comportamiento muy cíclico, demandantes mayoritarios de perfiles de baja cualificación y, en términos globales, asociados a tasas de temporalidad y precariedad laboral más elevadas.
En un momento en el que nadie pone en cuestión que la apuesta de Euskadi debe dirigirse hacia la promoción de la innovación y el desarrollo de la llamada economía del conocimiento, tenemos aún marcados desajustes que abordar. Los datos nos recuerdan que aún nos queda mucho por hacer.
(*) Sociólogo |
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