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Tierra a la vista
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¿Usted lo entiende?
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Xabi Larrañaga
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no sé, tal vez ande yo corto de luces y largo de memoria. Se ha celebrado el aniversario del Guggenheim y uno de los sectores políticos que más se opuso a su construcción no para de apuntarse el gol en su casillero. Quien tachaba el proyecto de capricho faraónico nacionalista se aferra hoy a la bandeja de canapés y casi aspira a ser recordado como capataz de la obra. Los conversos a la cola, por favor. Al menos el otro bloque contrario al museo - y a casi todo - persevera en su rechazo con terca coherencia, hasta la derrota siempre y si es posible en burro, no vaya a mancharse el paisaje de malos humos.
Pero no sólo eso. Nos acaba de tocar el hombro otra efeméride importante, el parto múltiple del Estatuto de Gernika. Y con una lógica extraña los que abogaron por él pasan mucho de velitas y lo miran como a esa fotografía vieja que delata que un funesto día acudimos a la comunión de un primo con mocasines de rejilla - ¿existe eso? - y calcetos de escayola. Claro que la jugada surrealista no se remataría sin la presencia en la Villa foral, con tarta incluida, de ciertos herederos de quienes rechazaron el Estatuto, y eso si no echamos la vista atrás hacia tiempos más turbios. Decía Gregorio Marañón que España es el único país del planeta que ofrece la paradoja de un partido organizado de anarquistas, y por estos pagos superamos la marca. Pues contamos con algunos antimilitaristas amigos del pimpampum, con ciudadanos del mundo que se enorgullecen de ser muy españoles, con sabinianos que aún no se aclaran sobre su meta patriótica y, en fin, que mejor si dejamos de traer expertos en la resolución de conflictos e importamos psicólogas argentinas. ¡Ah! Y tras casi mil muertos lo que ahora mola es la autonomía unida de cuatro provincias, algo que pedía el PSOE hace tres décadas. Ya lo diagnosticó Eskorbuto: esquizofrenia. |
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