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Teodoro Bidaburu esculpe el nombre de una persona en una losa. |
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preparativos para el día 1 de noviembre
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Sólo una vez al año
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"Las costumbres se van perdiendo". Es lo que opinaban ayer en el cementerio bilbaino algunas personas que acudían para adecentar las tumbas y los nichos de sus seres queridos de cara al jueves.
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uNA visita al año y por estas fechas. Esa es la frecuencia con la que acuden al cementerio de Derio el 90% de las bilbainos que traspasan las solemnes puertas del camposanto. El resto del año son escasos los visitantes que se acercan a Derio para adecentar las tumbas de sus familiares y allegados. Es lo que relataba ayer un operario de las instalaciones. "La prueba clara son las flores. No hay más que fijarse en que están hechas polvo, aunque casi todas son de plástico", afirmaba. Y es que lleva "más de 20 años en este sitio, y he visto cómo cambian las cosas".
Sin embargo, estos días, abundan las rosas, los claveles y los gladiolos frescos sobre las lápidas. "Parece que en estas fechas te acuerdas más de los que ya no están y, aunque sea una vez al año, venimos a ver la sepultura", reconocía Feli Muñoz, a quien acompañaba su hija Dori del brazo.
El arcén de la carretera que pasa junto a la puerta del cementerio estaba repleto de coches, y a medida que avanzaba la mañana aumentaba el número de conductores a los que los policías municipales que custodiaban la entrada tenían que indicar el lugar más cercano donde aparcar. Allí no quedaba sitio. Eso sí, recomendaban que las personas mayores abandonasen el coche "para no tener que caminar desde el pueblo hasta aquí".
También delataba a las personas que acuden con poca frecuencia las banquetas o escaleras que acarreaban. Al ser interrogados sobre el objeto en cuestión respondían, como José Llano, que lo necesitaban "para alcanzar al nicho, limpiar la losa y cambiar las flores". Desconocían que hubiese escaleras para estos menesteres a su disposición, y de forma gratuita.
pocas incineraciones
Casi el triple de inhumaciones
Pero, como en otros aspectos de la vida, también acudieron al lugar los fieles a la costumbre de cuidar el recuerdo de sus familiares. María Gandarias fue a visitar los restos de su hermana. "Antes venía muy a menudo, pero los años pesan y me cuesta, a pesar de que el autobús me deja aquí mismo". Se quejaba con nostalgia: "Se están perdiendo las costumbres. No tienes más que ver que la mayor parte de la gente que viene es bastante mayor. Los jóvenes vienen al principio y con el tiempo se van olvidando".
Agapito Malabe comenzó como enterrador de niños, y tras 24 años es jefe de servicios en Derio. Los primeros fueron los peores tiempos, cuando su mujer quedó embarazada "y soñaba que tenía tenía que hacer la fosa para mi hija". Conoce bien a Teodoro Bidaburu, a quien la mayor presencia de gente ayer no distraía de su trabajo. Es marmolero y esculpía sobre una losa el nombre de un nuevo ocupante en el mausoleo familiar.
Sólo el continuo paso de aviones rompían la quietud del camposanto. El jueves serán miles las personas que cambiarán el silencio por el ir y venir entre las calles, en busca de una sepultura, panteón o nicho. La incineración ha restado visitas al cementerio, pero no muchas, porque, las cifras cantan, y los inhumaciones son casi el triple.
"Antaño, sobre los años 50, la gente venía a pasear y los niños a jugar a fútbol"
oskar garbisu
Director del cementerio
"Han pedido permiso para hacer cortos, un desfile de modas y un reportaje de bodas"
agapito malabe
Jefe de servicios en Derio
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