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Markel Susaeta, ayer de nuevo titular, controla un balón. |
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Querer no siempre es poder
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El Athletic continúa sin vencer en San Mamés, pese a que mandó y superó en juego al Betis, pero fue víctima de nuevo de la falta de pegada.
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bilbao. El fútbol no sabe de justicias. Sus leyes son inmutables. Vence el que hace gol. Para ello, se puede jugar de una forma u de otra. El Athletic se agarró ayer a una versión grata. Tiró de una propuesta ofensiva. De unas intenciones que siempre son beneficiosas para firmar el éxito. Jugó al ataque, derrochó enormes dosis de energía, intentó por activa y pasiva batir la meta del Betis. Pero se quedó con la sensación de ganar sólo a los puntos. De sellar una de esas victorias que se denominan morales. Pero lo cierto es que se llevó sólo un punto. Tuvo ocasiones. Sí. Hizo más que el cuadro verdiblanco, también. Aunque sigue sin imponerse en San Mamés. Ni a la quinta.
Caparrós se resiste a repetir un mismo once. Ayer volvió a introducir novedades respecto al equipo que saltó de inicio en el José Zorrilla. Movió una pieza. Rescató a Markel Susaeta, que volvió para ocupar el interior derecho en detrimento de David López, que al parecer no convenció en Pucela al técnico de Utrera. El riojano calentó, de esta forma, banquillo por segunda vez esta temporada. El resto era de sobra conocido. Con Iraizoz bajo palos; Iraola, Aitor Ocio, Amorebieta y Koikili, que le ganó la partida a Asier del Horno, en la zaga; Orbaiz y Javi Martínez, en el doble pivote, con Susaeta y Gabilondo, en su primer partido como titular esta temporada en San Mamés, en bandas; mientras que Aduriz y Joseba Etxeberria repitieron como dupla atacante.
Jugar en el estadio de uno aporta un plus añadido. Para el Athletic aún más. En los cuatro partidos anteriores sólo había logrado una cosecha de tres puntos. Escaso fruto. Su pelea se centra en sacar el mayor rédito posible en casa. No sumar obliga a recuperar en los desplazamientos. El conjunto rojiblanco ha conseguido un saldo interesante en ellos. Pero no lo puede fiar todo a ello. Ganar en casa, por tanto, se convertía ya en una obsesión. Y más cuando enfrente está un rival directo y que da, además, la oportunidad de poner más distancia respecto a la zona baja. Escapar de ella es el reto inmediato. El pasado reciente así lo pide.
El Athletic, quizá consciente de esa necesidad, apostó por meterle una marcha más al encuentro. Es decir, mostrar unas sensaciones bien diferentes a las de la anterior comparecencia en La Catedral frente al Almería. Los de Caparrós, para el que como buen sevillista un duelo ante el Betis siempre guarda algo especial, pusieron en práctica ese deseo. Susaeta y Gabilondo cobraron más protagonismo, lo que siempre se agradece. No en vano, las entradas por banda suelen ser sinónimo de peligro. Iraola, más activo que en encuentros pasados, se sumó a esa inercia, lo mismo que Koikili, que en la primera mitad rindió a un notable nivel. El Athletic mandaba, intentaba romper por abajo y por arriba, pero le faltaba culminar. Joseba Etxeberria, que evidenció que se encuentra mucho más a gusto como punta, y Aduriz agradecieron esa propuesta. Pero les faltaba hacer su trabajo. Meter la bolita. El donostiarra, el pichichi de los rojiblancos, estuvo cerca de acabar con su sequía en San Mamés -no marca desde el pasado 18 de febrero con su doblete ante el Getafe-, pero su cabezazo, tras un preciso servicio en largo de Aitor Ocio, lo tocó lo suficiente el meta portugués Ricardo para que lo repeliera el larguero. Esta acción, a los 33 minutos de juego, se convirtió en la gran ocasión de los leones en el primer periodo. El Betis, mientras, daba noticias de forma esporádica. También es buen síntoma. Dice que la defensa da seguridad. Apoyado en un 4-2-3-1, el conjunto de Héctor Cúper iba más a por el punto administrativo que ya tiene antes de empezar el choque. Por algo es el rey del empate. Sólo dos apariciones de Sobis inquietaron a Iraizoz.
misma cruz El Athletic, donde Pablo Orbaiz volvió a ejercer de director de orquesta, estaba empeñado en llevar la manija del juego. Ello da galones. Permite marcar los tiempos. Ofrece la opción de tener más llegada. Lo que siempre ayuda a gestionar y opositar por el triunfo. El segundo acto, así, arrancó bajo la misma dinámica que la de los primeros 45 minutos. Los de Caparrós tenían bien instruida la lectura del encuentro. Ésta debía ser intensa. Darle esa velocidad y ese nervio que se requiere para llegar con asiduidad al área contraria. Aduriz, que sigue sin contar con la fortuna en La Catedral, pudo abrir la lata bética tras un buena incursión por la izquierda de Koikili que le ofreció un brillante pase, pero el donostiarra no acertó a tocar ese balón que llevaba veneno. Ricardo y su Betis debieron resoplar.
El Athletic estaba lanzado. Y empujado por el público de San Mamés. Ese jugador número 12 que nunca falla. Lo ratificó ayer como ya lo hiciera siete días atrás en Valladolid . Pero el déficit de la falta de pegada volvió a ser implacable. Los rojiblancos lo saben. Les cuesta hacer gol. Sobre todo en San Mamés, donde esa escasez es más sangrante. Sólo acumulan dos dianas en cinco partidos. Pobrísimo bagaje. Necesita soluciones. Los datos son fríos. Delatan el mal. Javi Martínez pudo estrenarse en un barullo dentro del área verdiblanca, pero el disparo del navarro tropezó en un rival. Era una jugada de ésas donde la lotería juega su papel. Un rebote puede ir dentro o fuera. Fue fuera. Como también tomó la misma dirección el lanzamiento de Gabilondo tras el córner derivado de la acción anterior. El Athletic acreditó once saques de esquina. Un número que diagnostica lo que es un dominio.
Pero esa abundancia sólo sirve para la estadística. Caparrós intentó encontrar remedios. Lo hizo, primero, con la entrada de David López, con la de Fernando Llorente, después, y con la de Ion Vélez, por último. Buscaba esa frescura que pudiera aportar el premio gordo. El Athletic afrontaba el tramo final del encuentro con una pareja atacante diferente a la inicial. El Betis, mientras, no asustaba, pese a que su técnico también recurrió a piezas nuevas. Para el cuadro bético, el empate debía ser una recompensa jugosa. Apenas llegaba a las inmediaciones de Iraizoz. La guerra estallaba en otra zona. El conjunto rojiblanco se encargó de ello. Seguía con su insistencia. En busca de esa acción que llegara a tiempo para sentenciar. A base de corazón. Eso sí. Pero sin las ideas y las propuestas idóneas para romper las trincheras contrarias. A este Athletic se le atraganta San Mamés. Perdió la oportunidad de relanzarse en la tabla en una semana clave para entrar en la tranquilidad. Con tres duelos sucesivos ante conjuntos que se encuentran por detrás en la tabla. El miércoles llega la próxima cita en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe. El próximo domingo repite en Bilbao frente al Recreativo. |
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