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Zinema
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Una saga inquietante
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Andoni Iturbe
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LA saga de Saw tiene una legión de admiradores en el mundo, la mayoría adolescentes que se agolpan en los cines para destripar esta nueva concepción de thriller terrorífico, un videojuego más sofisticado llevado al cine: niveles que se van superando en un juego macabro donde el espectador tendrá que estar con todos los sentidos al límite en esta carnicería de tortuosas sendas.
Saw plantea una concatenación de escenas, juegos de máscaras, decisiones morales (uno salva la vida, la otra la quita) permanentes… Este planteamiento policíaco de interminable y agobiante interpretación de los hechos, ajenos al entendimiento del espectador medio, crea un suspense basado en la rapidez de un videojuego visual, oscurantista y tétrico. Este puzzle que es la película, una cuenta atrás a la disolución para volver a empezar desde cero, le aporta el suficiente gancho para regenerarse una escenografía macabra y tétrica, salpicadas por gotas de sangre y contados aciertos, como la escena donde un hombre, con la boca cosida lucha contra otro que tienes los ojos cosidos. La imaginación pierde sus interrogantes en esta película, obligada a un aprendizaje a marchas forzadas, como un videojuego que nace, se desarrolla y comienza cada vez que se toma en las manos. Saw es una saga inquietante para discípulos de una cultura visual y conceptual contemporánea: la edición de niveles, el reto por seguir ganando y sumar puntos para llegar a ganar para comenzar otra vez como a jugar. Con esta cuarta saga alimenta a los seguidores olvidadizos que priman la interacción (Tú decides, repite en un casette una voz), el reto por seguir mejorando. Es una experiencia excitante quien valora lo perecedero y olvidadiza. Para aquéllos que no se enganchan con este nuevo estilo de hacer cine. |
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