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'La marquesa de Santa Cruz' de Goya. |
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Grandes maestros del siglo XIX
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El Prado viste de gala su ampliación devolviendo a la luz su excepcional colección del siglo XIX. Patrocinada por el BBVA, se propone al público el redescubrimiento del arte desde el último cuarto de siglo de vida de Goya hasta el nacimiento de Picasso.
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Apartir del 31 de este mes, el público podrá admirar en toda su dimensión la mayor ampliación de la historia del museo a través de una exposición en la que devuelve al público su excepcional colección del siglo XIX, tras un largo período de inaccesibilidad en el que se ha acometido una revisión y restauración de la misma.
El siglo XIX en el Prado permite hacer un repaso por la historia del arte español desde el último cuarto de siglo de vida de Goya hasta Soro-lla, pasando por Fortuny, Rosales o Madrazo. Más de un centenar de obras - 95 pinturas y 12 esculturas- componen una muestra en la que el público también podrá contemplar la exposición de gabinete dedicada a una selección de dibujos de Goya protagonizada por el Toro mariposa. "Es un magnífico regalo de cumpleaños por los 150 años de la creación del BBVA. Cuando en el 2003 nos convertimos en miembro benefactor del museo, sabíamos que era una apuesta ganadora", aseguró Javier Ayuso, director de comunicación de la entidad bancaria en la presentación de esta exposición.
En la muestra, se pueden ver algunos de los retratos decimonónicos más emblemáticos de Goya, como la Marquesa de Santa Cruz, junto con otras pinturas de los artistas con los que el aragonés convivió de forma natural durante más del primer cuarto de siglo, como Retrato del pintor Francisco de Goya, de Vicente López, o La muerte de Viriato, de José de Madrazo.
La exposición adquiere un tono más intimista con el paisaje realista protagonizado por Carlos de Haes, dando paso a la pintura y escultura de Fortuny y su círculo. Aquí se puede admirar desde el realismo exquisito y virtuosista de Mariano Fortuny, con obras como Viejo desnudo al sol o Los hijos del pintor en el salón japonés, hasta la pintura cosmopolita de Raimundo de Madrazo o Martín Rico.
Desembocando en el lenguaje más audaz y moderno de fin de siglo, la muestra concluye con una sección dedicada a Sorolla y Beruete, donde se pueden contemplar lienzos tan universales como ¡Aún dicen que el pescado es caro! o Chicos en la playa.
Con la apertura de los nuevos espacios diseñados por Rafael Moneo en torno al área de los Jerónimos, el Prado pone en marcha la ampliación más significativa de sus casi doscientos años de existencia, que comenzó en 1995.
El nuevo edificio - con un presupuesto total de 152 millones de euros- incorpora más de 15.715 metros cuadrados, un incremento de más de un 50% sobre la superficie actual. El diseño de Moneo une el museo con un complejo formado por la construcción de nueva planta y el Claustro restaurado de los Jerónimos. Desde el exterior, el enlace entre los dos edificios queda oculto por una plataforma ajardinada de boj.
El nuevo volumen de ladrillo y granito edificado en torno al antiguo Claustro se alinea con la fachada de la Iglesia de los Jerónimos dejando ver desde el exterior parte de la arquería restaurada y restituida. Su fachada se abre al exterior a través de las monumentales puertas de bronce realizadas por la escultora Cristina Iglesias y el interior se distribuye en tres plantas de acceso público y otras cinco entreplantas para servicios internos del museo.
La nueva construcción rehabilita el uso de la entrada principal del edifico Villanueva, la puerta de Velázquez, conectando este acceso de forma directa con la ampliación a través de la gran sala basilical, ahora Sala de las Musas. Junto a esta, dos nuevas entradas dan acceso a un amplio vestíbulo que conecta los dos edificios y donde se sitúan los principales servicios de atención al visitante, así como la tienda y cafetería. Además, la ampliación de los Jerónimos posibilita la recuperación de casi 3.000 metros cuadrados en el edificio de Villanueva para exposición. |
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