 |
|
|
 |
Joaquín Achúcarro, Cristian Mandeal y la Orquesta Sinfónica de Euskadi dibujaron una estampa llena de fuerza. Fotos: zigor alkorta |
|
|
|
El callejón de las botxerías
|
|
El poder de traer la primavera
|
|
La confluencia de los astros ha querido que el maestro Joaquín Achúcarro cumpla 75 años el mismo año en la Orquesta Sinfónica de Euskadi celebra sus bodas de plata. Ayer escenificaron esa alegre coincidencia con un magno concierto celebrado en el Palacio Euskalduna
|
 |
|
Jon Mujika
|
 |
LOS libros de historia de la música recordarán su efigie de senador romano de sienes plateadas a lomos de un piano. Joaquín Achúcarro, bilbaino de hondas raíces, fue a nacer para la gloria de este instrumento en Liverpool, en un lejano 1959 cuando acudió al que podía ser el último concurso internacional de su vida. La cita se convirtió, gracias a su elegante y racial virtuosismo, en el Cabo Cañaveral de una carrera triunfante. Lleva en su hoja de servicios el laurel del Artist of Peace, concedido en 2000 por la Unesco, la Gran Cruz del Mérito Civil de 2003, el nombramiento de Hijo Predilecto de la Villa de Bilbao en 2004 y la catalogación de Vasco Universal en 2005, amén de multitud de premios y reconocimientos internacionales. Más allá de toda esa cascada de parabienes, Joaquín, un hombre sencillo, agradece la acogida de sus alumnos, la interpretación excelsa y la atmósfera que se recrea en torno a la música.
Ahora calza un 75 de edad, cifra a la que ha llegado hecho un león. A lo largo de su ancha carrera, Joaquín ha echado muchas manos, las mismas con las que acaricia el marfil de las teclas. Entre tanta ayuda, sobresale la colaboración con la Orquesta Sinfónica de Euskadi que, por un azar de calendario, cumple sus bodas de plata este mismo año. Así que no fue extraño ver ambas trayectorias juntas sobre el escenario del auditorio de Palacio Euskalduna,. Son dos vidas en clave de éxito que depararon a los presentes un concierto fabuloso. Dirigió la tempestad musical uno de los alumnos aventajados de Von Karajan, Cristian Mandeal y ejerció de concetino Bernhard Hartog, lo que elevó la tarde a los altares.
De toda esta comunión de talentos disfrutaron, entre otros, el alcalde de la Villa, Iñaki Azkuna, Emma Jiménez, la eterna compañera de Joaquín, Cecilio Gerrikabeitia, Ignacio Malaina en nombre del Teatro Arriaga, Asis Aznar y Karmelo Errekatxo, Borja Pujol el director de la BOS, Ibon Arambarri, Ramón Muro, María Jesús Real, Federico San Sebastián en nombre de Iberdrola, firma patrocinadora, Jon Andoni Goikoetxea, Beatriz Solaguren, quien ama el piano sobre todas las cosas, José Antonio Otxoa, Iñigo Alberdi, Baltazar Errazti, Alicia Nebredo, la bodeguera María Victoria Cañas, Guillermo Ibáñez, José Guimón, José Ignacio Elorriaga, la directora del Conservatorio de Música, Begoña Ruiz de Erentxun, María Jesús Olaizola, Irune Aranguren, José María Bengoetxea, Cristina Hernández, mujer de espíritu sensible, José Luis Igartua, Daniel Iriondo, Iñigo Zulueta, José Manuel Redondo, visitante asiduo de la música clásica, Jorge Peñafiel, Patricia Zarate, Miguel Ángel Ortuzar, Fernando Múgica, Gabriel Artetxe, María Ángeles García, Jon Ander Uribe y Amagoia Lorenzo, una pareja rejuvenecedora que destierra los malos pensamientos sobre el envejecimiento de la afición a la música clásica, Natxo Ortiz de Zarate, Karmele Arakistain y así hasta poblar el auditorio de nombres propios. El público, expectante, recibió al joven emigrante de Liverpool con un caluroso aplauso. De inmediato de su manos comenzaron a brotar las primeras notas del Concierto nº 1 para piano y orquesta en re menor, opus 15 de Johannes Brahms y un la silenciosa sala se hizo, por un tiempo, primavera. |
|