Quimi destila humor. Rezuma música. El pasado viernes se estrenó en Artium, donde se darán cita los 'peludos' seguidores de la carrera en solitario del que fuera parte de El último de la fila. Hoy, junto con Ruper Ordorika, participa en Poetas del Rock, que organiza el Aula de Kultura de Leioa Es curiosa la divertida raíz de este último disco, en una carnicería...
En mi caso la ironía siempre pesa mucho, es parte de lo que me impulsa a dedicarme a cosas más o menos públicas. Hay gente que lo atribuye a mi cultura catalana, pero creo que aunque fuera de otro sitio estaría igual. En este caso llegó por arte de magia. Fui a la carnicería un lunes y la señora me dijo que no tenía butifarra porque "matamos los martes y los viernes". Me hizo tanta gracia que esa señora pudiera decir una frase tan salvaje que me la apunté y me dije que cuando sacara un disco lo titularía así.
En el disco manda el costumbrismo, lo concreto sobre lo abstracto.
Hay una mezcla de ambos. Durante muchos años he escrito en castellano y, por más natural que quieras parecer, hay un artificio, una impostación. Que puede ser positiva. En el momento en que pasas a tu lengua se descubre la magnitud de la tragedia, para bien y para mal. El plumero aparece. En mi caso hay un eclecticismo emocional. No soy una persona en absoluto triste, pero tampoco un optimista recalcitrante. La ironía, la tristeza, la melancolía -y un poco la memoria, porque tengo 50 años- hacen una ensaladilla, y ése es mi material.
Siempre trabajando con letras y al fin este año ha tenido su debut editorial, ¿cómo ha ido?
Es un libro más del editor. Es material que tenía en mi blog y él lo ha organizado. Me gusta escribir, soy un escritor de folio. Cuando cambio de folio, cambio de tema, con lo cual no tengo ningún futuro dentro de la narrativa con mayúsculas. Soy un escritor de canciones de música ligera y de blog, otro género menor. Y el editor, que es una bellísima persona -y comunista- ha tenido la gentileza de organizar mis escritos y darles un opúsculo presentable. Me gusta, no me da ninguna vergüenza regalárselo a alguien.
Al margen de algún tema más eléctrico, es un disco muy acogedor...
Desde que dejé El último de la fila, hace doce años, he ido hacia un sonido más acústico, menos tenso. En mi generación tuvimos la mala suerte de que los norteamericanos ganaron la Segunda Guerra Mundial. Hemos tenido que mamar del rock&roll y con los años acabas muy fatigado de música con ritmos frenéticos. Pertenezco a una cultura mediterránea, una palabra absolutamente gastada. Los italianos, los napolitanos, han conservado esto muy bien. En Cataluña, hasta hace poco, con la cançó, se habían leído muy bien las emociones en el formato de música popular, y esto ha desaparecido un poco. Quizás es ahí donde tendremos que buscar un día u otro quiénes somos. Yo me siento cómodo haciendo menos ruido, aunque mi caso es irreversible. Soy un subproducto del rock&roll anglosajón, y para bien o para mal he tenido que apechugar con ello.
¿Cómo ve la escena catalana?
Creo que los catalanes -y me van a matar- damos buen resultado como pintores, como escritores... Como músicos somos más irregulares. La cultura de Euskal Herria es muy musical.