bruselas. En apenas cuarenta minutos el futuro político de Bélgica sufrió ayer un revés histórico que, esta vez sí, puede hacer saltar por los aires el intento del democristiano flamenco, Yves Leterme, de formar el nuevo gobierno tras 150 días de negociaciones, el equilibrio entre flamencos y francófonos, y, sobre todo, la unidad del país. El motivo: el voto de un proyecto de ley destinado a limitar los derechos de los francófonos que viven en la periferia flamenca de Bruselas. Un gesto "brutal" que, según advirtieron ayer los diputados francófonos, rompe la tradición de diálogo y concertación del estado federal.
Fue a las dos y media de la tarde cuando la comisión de interior del Parlamento belga comenzó a votar la propuesta de escisión del colegio electoral Bruselas-Halle-Vilvoorde, una antigua demanda flamenca a la que se oponen los francófonos y uno de los elementos que complican las negociaciones de la coalición naranja-azul, formada por liberales flamencos y valones. Tal y como ya habían anunciado, los flamencos utilizaron su mayoría numérica para forzar el voto -11 diputados frente a 6- lo que hizo que los francófonos abandonaran la sala, con el aplauso de fondo de los miembros del xenófobo Vlaams Belang. La única flamenca que se abstuvo fue la ecologista Tinne van der Straten que lamentó la crisis que provocará el voto.
Según la legislación belga, los ciudadanos de Flandes sólo pueden votar a partidos flamencos y los de Valonia a francófonos mientras que en Bruselas se puede optar por una u otra lista. Lo mismo ocurre en Halle y Vilvoorde, pese a que territorialmente pertenecen a Flandes. La intención de los flamencos es que sólo puedan optar por partidos de esta región. La lectura de lo que ocurrió ayer en Bruselas es, sin embargo, distinta para unos y otros. Mientras los diputados flamencos definieron el voto como "un procedimiento normal en el parlamento", "un voto inevitable" y una acción que permitirá "continuar con las negociaciones", para los francófonos supone una verdadera afrenta que deja en punto muerto el trabajo de Leterme. |