Santander/Santiago. El responsable de las campañas de agua de Greenpeace-España, Julio Barea, aseguró ayer que, después de cinco años del accidente del Prestige, se ha avanzado "muy poco" en el control de los buques que circulan por el mar Cantábrico por lo que, "cualquier día", puede repetirse "una catástrofe similar".
En la conferencia que ofreció en el marco de las Jornadas sobre Naturaleza y Medio Ambiente de la Guardia Civil en Santander, este portavoz de Greenpeace denunció que los buques continúan circulando por la cornisa cantábrica "sin el control mínimo imprescindible".
Barea explicó que todos los buques deben estar "absolutamente monitorizados" y controlados para conocer en tiempo real "dónde están y qué transportan".
También aseguró que hay buques monocasco que aún siguen circulando por aguas del Cantábrico, a pesar de que existe una moratoria para que este tipo de embarcaciones desaparezcan en 2010.
"Un accidente similar puede ocurrir cualquier día de temporal", reiteró en rueda de prensa el responsable de las campañas de agua de la asociación ecologista.
Barea advirtió también de que "no hay puertos de resguardo habilitados donde, en caso de accidente, arrastrar a los buques, lo que permitiría minimizar la catástrofe".
Este portavoz de Greenpeace se refirió también al hundimiento del petrolero ruso que el pasado domingo lanzó al mar cerca de 2.000 toneladas de aceite combustible en el estrecho de Kerch, que une los mares Negro y de Azov.
Señaló que, aunque aún no se conoce la magnitud de la catástrofe, "ya se están produciendo grandes llegadas de petróleo a la costa" y de animales cubiertos de este combustible.
Vertidos 'crónicos' Los efectos tóxicos que provocó en 1992 el accidente del buque Mar Egeo en A Coruña fueron superiores a los causados por la catástrofe del Prestige, según sostiene el catedrático de Biología Alejo Carballeira, quien alerta sobre el riesgo de los denominados vertidos 'crónicos'.
Desde el punto de vista toxicológico, descubre Carballeira, fue peor el efecto del Mar Egeo que el del Prestige porque "la fracción tóxica era más elevada" en el buque que encalló en A Coruña en 1992. Es el tipo de petróleo lo que influye.
Carballeira, de la Universidad de Santiago (USC), explica que la toxicidad depende de la desintegración o 'cracking' del petróleo: las moléculas más grandes, como las de los asfaltos, son menos tóxicas, mientras que las más pequeñas son más volátiles y, por lo tanto, contaminan más a los organismos.
Además, una investigación realizada a los dos años del accidente del Prestige por el Banco de Especímenes Ambientales de Galicia, que dirige Carballeira, concluye que los niveles de toxicidad eran "más o menos iguales" a la situación previa a la catástrofe.
El accidente del Prestige, explicó, "afectó a mucho territorio pero fue puntual, porque la fuente se cerró. Son peores las pequeñas concentraciones clásicas; lo que estamos liberando por los ríos o en los puertos; es más grave por su característica de cancerígeno". |