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Mesa de redacción
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Juan Carlos Ibarra
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EL Rey Juan Carlos ha demostrado ser un hombre de Estado. Hombre, porque su reacción ante Hugo Chávez ha sido la que podría tener cualquier ciudadano en una acalorada discusión de taberna con los amigos o en la sobremesa de una cena de quintos. Y de Estado, porque demostró su comedimiento al dejar su admonición al presidente venezolano en un simple "¿Por qué no te callas?" que, cualquier otro mortal, humano, sí, pero sin esa condición de persona de Estado, habría completado con alguna de las múltiples fórmulas que son de uso común en el lenguaje coloquial. Pese a que los detractores del monarca han puesto el acento en lo inconveniente de su irrupción en el rifirrafe entre Chávez y Zapatero, tanto en el fondo como en la forma, habrá que resaltar, por ser de justicia, que Juan Carlos de Borbón demostró su calidad humana y su sentido de la diplomacia al dejar en sus justos términos la recriminación al impertinente caudillo venezolano. Esos que tanto critican al monarca, saben que éste podría perfectamente haber completado la retórica pregunta con un "¿Por qué no te callas, joder?" o "¿Por qué no te callas, coño?". E, incluso, de haber querido ser más hiriente con el destinatario de su mensaje, podría haber dicho "¿Por qué no te callas, gilipollas?" o "¿Por qué no te callas, cacho cabrón?". Es más, podría haber dado por zanjado el discurso sin dejar lugar a la réplica con un simple "¿Por qué no te callas de una puta vez?". Cualquiera de esta fórmulas serían las que, como digo, hubiéramos empleado los ciudadanos de a pie, embebidos en nuestros argumentos en una discusión por cualquier nimiedad, sin la trascendencia que para la madre patria tenía la que zanjó Juan Carlos. Al César lo que es del César. El Rey ha demostrado su categoría.
jcibarra@deia.com |
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