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Un amigo de Sandri llora fuera de la sala donde ayer fue velado el cadáver del hincha de la Lazio. Foto: afp |
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Futbolistas contra 'ultras'
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Radicales de varios equipos prevén asistir hoy al funeral del hincha de la Lazio.
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Bernhard Krieger
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roma. La muerte de un hincha de la Lazio y los gravísimos incidentes que le sucedieron el pasado domingo parecen haber abierto al fin los ojos a la Italia futbolística: o la violencia cesa de una vez o el 'calcio', una de las tres Ligas más poderosas del planeta (junto con la española y la inglesa), asistirá sin remisión a la fuga de sus figuras. "¡Basta! Esos disturbios matan nuestro deporte", advirtió ayer el brasileño Kaká, del Milan, que lanzó un aviso a los tifosi: "Las estrellas se irán de Italia".
Tampoco los internacionales italianos quieren seguir siendo "rehenes de aficionados radicales". El seleccionador, Roberto Donadoni, condenó con duras palabras los disturbios del domingo. "Esto da náuseas", dijo. "Creía que con la muerte del policía Filippo Raciti (el pasado mes de febrero, en Catania, antes de un partido) se había llegado al peor punto, pero nuestro trabajo es cada vez más difícil", se lamentó el delantero internacional Iaquinta, quien piensa igual que muchos aficionados: "Hoy en día, yo no llevaría a ningún niño al estadio".
Los futbolistas ya no reconocen su deporte. "Es como si hubiera una guerra civil y nosotros estuviéramos metidos dentro sin saber cómo ni por qué", dijo la estrella del Milan Clarence Seedorf. "El Gobierno debería intervenir", exigió el holandés. Y el Gobierno de Roma intervino: ante la vehemente insistencia de la ministra de Deportes, Giovanna Melandri, la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) decidió el lunes suspender la competición en la Serie B y en la C. La Serie A para este fin de semana por el partido de Italia de clasificación para la Eurocopa. Se cancelaron 56 partidos.
detenciones en marcha "Debemos salvar lo bueno del fútbol", pidió el portero internacional Gianluigi Buffon, mientras que la Fiscalía de Roma se ocupaba de atajar la violencia. Los aficionados detenidos involucrados en los disturbios se enfrentan a penas de cinco a diez años de cárcel tras ser acusados de "acciones terroristas". "No respondimos a la guerrilla para evitar un baño de sangre", dijo ayer el ministro del Interior, Giuliano Amato, en el Parlamento. Amato sostiene que la muerte del hincha se divulgó con inusitada velocidad entre los grupos ultra de toda Italia y que fue el pretexto al que éstos se aferraron para mostrar de manera orquestada "venganza y odio contra la Policía". Un ataque organizado y premeditado a una comisaría de policía como el que se registró la tarde del domingo en Roma "no es ningún desorden normal, sino terrorismo", dicen los fiscales, quienes suponen la existencia de agitadores políticos tras los hooligans. Mientras, las investigaciones siguen a toda marcha. Ayer fueron detenidos unos treinta hinchas radicales en Roma, Milán, Bérgamo y Taranto, pero las autoridades anuncian muchas detenciones más según avancen las investigaciones.
En su guerra contra la Policía, incluso grupos de aficionados enemistados a muerte, como los de la Lazio y la Roma, se unieron el domingo para provocar desórdenes. Ayer rindieron homenaje póstumo al aficionado de la Lazio muerto por un disparo fortuito de un policía. La tienda de moda en que trabajaba Gabriele Sandri, de 26 años, fue ayer lugar de peregrinaje. Centenares de ramos de flores y bufandas se colocaron en la entrada. Para el entierro de hoy se calcula que acudirán decenas de miles de personas. Las autoridades políticas y deportivas lanzaron ayer numerosos llamamientos a la calma y a la tranquilidad, pero grupos ultra de otros clubes, por ejemplo los del Milan y el Inter, organizaban ayer su desplazamiento a Roma para asistir al sepelio, lo que podría dar lugar a momentos de gran tensión.
parar el 'calcio' un año Las investigaciones realizadas no descartan aún que el agente, Luigi Spaccarotella, de 31 años, disparase de modo expreso contra el coche que ocupaba el aficionado que fue alcanzado mortalmente. "No soy ningún asesino", se defendía Spaccarotella en una conversación telefónica publicada ayer por La Gazzetta dello Sport pero desmentida por sus familiares. El diario deportivo más importante de Italia teme ya el próximo estallido de violencia. "El virus sólo duerme y estallará de nuevo con los próximos muertos". Hace nueve meses, cuando el policía Raciti fue asesinado, el jefe del sindicato de jugadores, Sergio Campana, propuso un parón de un año en el fútbol italiano. Entonces, muchos lo tacharon de loco, pero ayer algunos políticos ya exigían una medida drástica similar para el fútbol italiano. |
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