LA V Edición de la Estación Barroca bilbaina inició el lunes en el Arriaga su "segunda parte" -la primera constó de dos óperas, en octubre- con un programa concertístico de signo clásico, si bien interpretado por la Orquesta Barroca de Friburgo bajo la dirección de René Jacobs.
Acto extraordinario, en todos los órdenes, así como atractivo por su rica gama de "novedades", tal y como lo son las interpretaciones de René Jacobs, que ponen de manifiesto una serie de riquezas musicales que no siempre se muestran.
Así, ya en la amplia Sinfonía Oxford, de F. J. Haydn, pudo reconocerse la identidad artística de cada sección en cada movimiento, por lo que la obra posee un carácter tan sutil como arrebatador. Si la dirección "visual" (para el público) del maestro René Jacobs es poco atractiva, los efectos de su interpretación son más que dominadores. La magnífica conexión de todas las familias orquestales, el sonido refinado de cada instrumento, la limpieza ejecutante de todos los pasajes, ponen la Sinfonía en plena vitalidad, de tanto nivel técnico como interpretativo. De la Oxford haydiniana podría destacarse el Allegro spiritoso, así como el Presto final, pero no puede dejarse de lado la gracia del Minueto con su Trío, por ejemplo.
Y lo mismo puede decirse de cada danza de la Música de ballet de Idomeneo, de Mozart, donde tanto las chaconas como el passacaille final mostraron una identidad que pocas veces se suele imponer a las danzas mozartianas.
Y la Sinfonía n. 39, de Mozart, la masónica -por los tres bemoles de la tonalidad-, conllevaría una altísima cumbre final, gracias a la fuerza del amplio resorte de metal y madera junto a la cuerda, sutilmente conjugados en todo momento. La belleza sonora va unida a la fuerza expresiva de cada movimiento. Así, la vivacidad del Finale Allegro va en consonancia con las maravillosas modulaciones del tema, cuya unidad parece mutante en todo momento por los pequeños "rizos" dados al tema o por los expresivos cambios tonales, pero la unidad general es de tal seducción que la amplia paginación parece reducirse a un decir "breve" pero pleno de vida, como lo fue todo el concierto. |