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14-11-2007
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Arnaldo Otegi se dirige a las 15.000 personas que acudieron hace tres años al velódromo de Anoeta.
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Hoy hace tres años que Arnaldo Otegi enarboló en Anoeta la rama de olivo con la que se pusieron las bases de un proceso de paz que resultó finalmente infructuoso, después de que Batasuna traicionara en el momento decisivo su apuesta por la política.
Carlos C. Borra
Un día como hoy de hace tres años, Batasuna comenzó a apuntalar con su propuesta de Anoeta el proceso de paz y normalización, que oficialmente duró lo mismo que el alto el fuego anunciado por ETA el 22 de marzo de 2006, es decir, un año, dos meses y once días. Independientemente del resultado final -infructuoso- de dicho proceso, lo cierto es que el acto de Anoeta, celebrado con gran pompa y enormes dosis de simbolismo, supuso la imposición de las tesis más posibilistas en el seno de la izquierda abertzale, al tiempo que es recordado como la última aportación de auténtico calado llegada desde ese mundo.

Acogida en un primer momento con frialdad por el resto de formaciones políticas por no contener una condena expresa de la violencia, la ponencia Orain herria, orain bakea estableció las líneas básicas, después comúnmente aceptadas, sobre las que se desarrolló el diálogo con el fin de lograr una solución definitiva al conflicto vasco. Se trata de la conocida fórmula de las dos mesas de negociación, una de carácter político entre los partidos vascos para decidir el tránsito a un nuevo escenario, reforma estatutaria y consulta popular mediante; y otra eminentemente técnica entre el Gobierno español y ETA para dirimir aquellas cuestiones derivadas de la actividad violenta, incluyendo el desarme, los presos y las víctimas.

Sin embargo, el discurso ofrecido el 14 de noviembre de 2004 por el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, ante 15.000 personas en el velódromo de Anoeta dio para mucho más. Así, los siete puntos en que se desglosaba su propuesta incluían preceptos tan significativos como una asunción de vías exclusivamente políticas que conllevara a su vez el respeto sin límites a todos los proyectos de carácter político; concitar un consenso amplio que, al contrario de lo que sucediera anteriormente en el pacto de Lizarra, abarcara a las distintas sensibilidades existentes en Euskal Herria; y su compromiso por sacar la violencia de las calles, en referencia a la kale borroka.

La historia posterior es bien conocida, y está formada por diferentes hitos como la aprobación en mayo de 2005 de una resolución del Congreso que, con los únicos votos en contra del PP, dejaba vía libre al diálogo con ETA si ésta daba muestras inequívocas de abandonar la violencia; la declaración del alto el fuego permanente de ETA, que entró en vigor el 24 de marzo del año pasado; el anuncio efectuado el 29 de junio de 2006 por parte del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, de que iniciaba de forma oficial las conversaciones con el grupo armado; el comienzo de las conversaciones estrictamente políticas, capitalizadas por el PSE, Batasuna y el PNV; y, finalmente, la injerencia de ETA en el proceso, primero con la bomba colocada el pasado 30 de diciembre en la T-4 del aeropuerto de Barajas, que segó la vida de dos ciudadanos ecuatorianos, y después con su elevación del listón de exigencias, en base a los parámetros de territorialidad y autodeterminación, en una mesa de partidos que nunca llegaría a conformarse.

Cada uno de los protagonistas de dichas conversaciones políticas ha narrado después lo sucedido en las mismas desde su propio punto de vista. Sin embargo, el elemento común es el de la desilusión por una oportunidad histórica desaprovechada, en la que gran parte de los dedos acusadores apuntan a Batasuna por no haber sabido defender la apuesta por la política enarbolada hace tres años en Anoeta, y por haber regresado a un posicionamiento cómplice con la violencia de ETA, que echó el cerrojo al alto el fuego el pasado 5 de junio, retomando la lucha armada en todos los frentes.

plegada a la violencia Ayer pusieron voz a esta desilusión el portavoz del EBB del PNV, Iñigo Urkullu, y el secretario de Organización del PSE, Rodolfo Ares, representantes de los dos partidos protagonistas junto con Batasuna de las conversaciones políticas durante el proceso de paz. A preguntas de este periódico, Urkullu acusó a la formación ilegalizada de "supeditar su estrategia política a otras directrices venidas de fuera, aunque de ahí a hacer la asociación de que Batasuna es igual a ETA nos parece una exageración, de la misma forma que siempre hemos estado en contra de la Ley de Partidos".

Asimismo, deseó que en el seno de la izquierda abertzale "se empiecen a dar los pasos necesarios para apostar por lo que ellos mismos dijeron que apostaban en el velódromo de Anoeta y que todos, empezando por Batasuna, podamos ser capaces de dar pasos para abordar realmente desde la política un final dialogado de la violencia".

Por su parte, Rodolfo Ares señaló que "quienes hicieron la propuesta de Anoeta no han sido consecuentes con la misma, han engañado a los ciudadanos porque después se han plegado a la justificación de la violencia en todos los momentos en que han tenido que hacerlo. O no han podido o no han querido o no les han dejado sacar adelante lo que anunciaron en aquella declaración, o simplemente era una propuesta más coyuntural o táctica que una apuesta estratégica de fondo".

Añadió que "lo que tienen que asumir es la altura de miras y la responsabilidad de alejarse definitivamente de la violencia y hacer política defendiendo sus posiciones, como hacemos todos los demás, desde el respeto a la legalidad y a las reglas del juego, aunque sea para cambiar esas reglas. Han desaprovechado todas las oportunidades que han tenido para hacer ese recorrido, pero estoy convencido de que hay gente en ese mundo que quiere hacer política y tienen que defender esa vía porque no hay ninguna posibilidad de seguir amparando la violencia terrorista y a la vez hacer política en democracia".
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