EL juicio contra el arzobispo de Granada, el primer prelado español que se sienta en el banquillo de los acusados tras ser denunciado por un cura por injurias, calumnias, acoso moral, lesiones y coacciones, comenzó con retraso y ante más de medio centenar de periodistas y apenas fieles.
El arzobispo Francisco Javier Martínez acudió al Juzgado de lo Penal 5 acompañado de su abogado y, al contrario de lo sucedido cuando acudió a declarar durante la fase de instrucción, el 5 de junio de 2006, no le esperaban fieles para apoyarle, aunque sí varios miembros de la curia granadina.
El juicio, cuyo inicio se había previsto a las 09:00 horas, comenzó con retraso por las numerosas cuestiones previas presentadas por ambas partes y en una sala con algunos bancos vacíos.
La defensa del sacerdote denunciante, Francisco Javier Martínez Medina, presentó dos partes médicos en los que se indica que sufrió un cuadro ansioso depresivo cuando fue destituido como canónigo, se le retiró la Cátedra en la Facultad de Teología y fue suspendido por el arzobispo ad divinis, lo que le impedía ejercer como clérigo.
Por su parte, el abogado del prelado volvió a argumentar que se trata de un caso que debe ser tratado por la jurisdicción eclesiástica y no por la justicia ordinaria. Por parte de la Fiscalía se pide la absolución del arzobispo, al considerar que no ha quedado acreditado que el prelado actuara con el ánimo de atentar contra el honor del querellante.
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, defendió su libertad de actuación como responsable de la Diócesis y afirmó que se siente "víctima de un acoso mediático" en el juicio por injurias, calumnias, acoso moral, lesiones y coacciones contra un sacerdote.
Ante el titular del Juzgado de lo Penal 5 de Granada, Miguel Ángel Torres, y a preguntas del abogado del cura denunciante, Francisco Javier Martínez Medina, el prelado negó "amenazas o presiones" contra el clérigo, cuya destitución como canónigo, retirada de la Cátedra de la Facultad de Teología y suspensión ad divinis justificó en una "pérdida de confianza".
Francisco Javier Martínez defendió que los obispos son "perfectamente libres en las decisiones que toman en el gobierno de sus Diócesis", por lo que aseveró que no tiene que dar "explicaciones" sobre los cambios en los cargos de confianza del Cabildo.
Según la acusación, el acoso moral contra el sacerdote comenzó cuando el prelado lo relevó por decreto de su puesto de archivero en la Catedral por estar vinculado a los órganos de Gobierno de CajaSur (Córdoba), que financió un libro sobre la Catedral de Granada encargado por el anterior arzobispo, Antonio Cañizares, y cuya publicación fue paralizada por Martínez.
Al respecto señaló que desconocía que dicha publicación estuviese financiada por CajaSur, de la que apuntó que, si hoy existe, es gracias a él por su defensa ante su adecuación a la Ley Financiera estatal cuando era obispo de Córdoba.
Martínez añadió que se siente "víctima de un acoso mediático" e insistió en reivindicar su "libertad de actuación". >efe |