LA bandeja de pintxos del Ayuntamiento bilbaino lleva camino de convertirse en frisbi, ese disco de plástico que vuela de mano en mano en la playa hasta incrustarse en la jeta de cualquier bañista. Un partido - ¡adivina, adivinanza! - ha denunciado que el equipo de gobierno municipal gastará 6.300 euros en pintxos en un sarao que se celebrará el 27 de este mes. Habrá, pues, que presentarse al evento para dar cuenta de semejante dispendio y babear como ante la carta de una fonda de Villena: "Lo que tenemos es habas, callos, albóndigas, pata de cerdo: Todo cojonudo".
Así, a bote pronto y con la tripa vacía, lo suyo es montar una escandalera y tomar La Casilla. Siendo muy demagogos diremos que con ese millón largo de pelas sería posible alimentar a cien familias de Burkina Faso durante un año o, por teñir de azul Bilbao nuestra llantina, proteger del frío a los tristes mendigos de la Villa. Conociendo las trampas del politiqueo, el cuerpo en cambio pide otra información necesaria para emitir un juicio sobre el asunto. Nos gustaría saber, por ejemplo, cuánto derrochan en canapés otros ayuntamientos capitalinos o, por ser más concretos - y más cabroncetes -, cuánto dedican al protocolo los alcaldes del partido denunciante. ¿Es más que aquí, es menos? El objetivo no es quitar un clavo con otro ni limpiar la caquita con estiércol, sino señalar con datos. Porque aquí lo importante no es el millón de cucas general, sino cuánto corresponde apoquinar por tanta jala a cada vecino y si esa cuota individual es justa o excesiva. Queremos enterarnos de lo que nos toca soltar per cápita y, de paso, cuántos pintxos per cápita nos corresponden. Y ya obraremos luego en consecuencia, ya sea en las urnas, en los tribunales o alargando el brazo hasta ese suflé de morros con espiral de arándanos, que tras echar números creo que me lo merezco. |