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Mesa de redacción
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Cinco minutos
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Félix Iriarte
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ME imagino que Rajoy, al igual que su primo, no se sumará al apagón de cinco minutos para protestar contra el cambio climático. Desde luego quien crea que la cosa no es tan grave como nos presentan y que todo es producto del afán protagonista de quien un día quiso mandar en el país más poderoso del planeta no se tomará la molestia de poner en off el interruptor. Para qué iba a hacerlo. Pero quien haya podido ver por los medios de comunicación las imágenes reales del mundo en que vivimos, sus heridas, y se haya hecho una idea de la herencia que dejaremos si nadie lo remedia, debería optar por lo contrario. Y digo debería porque estoy seguro de que muchos que ven en grave peligro el planeta -sí en grave peligro, como suena- no podrán la señal de alarma a las ocho de la tarde para pensar por un rato en medio de la oscuridad. Temo que a mí también me suceda lo mismo a no ser que a alguien de la redacción se le encienda la bombilla y apague el interruptor. Por mí que lo haga sin pedir permiso ni explicaciones de ningún tipo. Al fin y al cabo la consigna con la que estamos convocados es: actúa ya. Y actuar es eso, hacer plante, decir basta y dejarse de monsergas porque las explicaciones ya llegarán cinco minutos más tarde si son necesarias. He leído por ahí algo que me ha llamado la atención a cuenta de la movida, un texto que decía algo así como que el mundo en oscuridad es el mismo que con luz, pero que el mundo real cambia al cerrar los ojos. Abramos pues los ojos para frenar el cambio climático, para que todo vuelva a ser como debe ser y hagamos noche de la noche. Tampoco es tanto el sacrificio que se nos pide, ni siquiera para Rajoy y su primo, y en cambio es mucho el beneficio. Sobre todo para las conciencias.
firiarte@deia.com |
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