Compromiso ético y político Los agentes sociales vascos, en especial los empresarios, deben conocer de primera mano, más allá de la desinformación y la manipulación, la realidad de la propuesta democrática del lehendakari, radicalmente incompatible con la violencia.
dESDE el mismo momento en el que el lehendakari, Juan José Ibarretxe, presentó en el Parlamento vasco su propuesta de acuerdo con el Estado concretada en una hoja de ruta que concluye con la consulta democrática a la ciudadanía vasca, la interpretación sesgada, la desinformación y la manipulación más burda por parte de algunos partidos políticos y medios de comunicación convirtieron una iniciativa plenamente legal y legítima en un inexistente desafío que significaba poco menos que el inicio de la independencia unilateral de Euskadi. Como ocurrió con la propuesta de Nuevo Estatuto Político -el mal llamado Plan Ibarretxe-, ha tenido lugar una campaña que, más allá del insulto directo al propio lehendakari, ha pretendido desautorizar la iniciativa desde presupuestos manifiestamente falsos. En este sentido, diversos agentes sociales, y en especial los empresarios, han sido lanzados a la arena política con intereses espurios y con mala fe para hacer creer que la propuesta del lehendakari ha generado una incertidumbre en el ámbito económico vasco que puede derivar incluso en una pérdida de pujanza y bienestar. Todo ello acompañado en muchas ocasiones de informaciones no siempre completas sobre campañas de extorsión de ETA a los empresarios, mezclando incluso torticeramente ambas cuestiones, cuando el chantaje terrorista es una realidad permanente sobre la que los propios destinatarios preferirían, a buen seguro, una mayor discreción. Todo ello, convenientemente agitado, lleva a la conclusión de que los empresarios son contrarios a la iniciativa del Gobierno vasco. Nada más lejos de la realidad. Porque la preocupación empresarial -que existe- no surge de la propuesta del lehendakari, sino de la manipulación a la que se le ha sometido. Es conveniente, por tanto, que los diversos agentes sociales vascos, entre los que cumple un papel propio el ámbito empresarial, conozcan de primera mano -tal y como está haciendo el PNV en las reuniones periódicas que mantiene con representantes sociales- la legitimidad de una iniciativa política que se basa en un propósito de búsqueda de soluciones desde el compromiso radical con el respeto a los derechos humanos y a la voluntad de la sociedad vasca. Unos principios basados en planos éticos y políticos que son absolutamente opuestos, entre otros pero sobre todo, a quienes practican y/o justifican o callan ante la violencia -en sus diversas expresiones- de supuestas motivaciones políticas. La hoja de ruta del lehendakari está, por ello, totalmente alejada que quienes hace justo tres años decían en Anoeta que tenían "una rama de olivo" y que se comprometían con las vías exclusivamente políticas, engañando a la sociedad vasca y protagonizando uno de los mayores fiascos políticos. Porque ejercer la violencia o estar bajo su yugo es incompatible con cualquier propuesta política, y más con la del lehendakari.