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Hasta Montilla
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Robert Pastor
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hasta qué extremo ha llegado la situación que el mismísimo Montilla, el president de la Generalitat surgido del veto de ZP a Maragall, el hombre silencioso de discurso monocorde, sin alterar el tono, se planta en Madrid y dice que, como las cosas sigan como están, léase cataclismo en las infraestructuras y negación del Estatut por no ir más lejos, Catalunya se alejará de España.
El mismo mensaje lo habían lanzado antes los menos resignados de Esquerra Republicana, o Convergència más que Unió, por no mencionar los nuevos independentistas radicales que aún no han llegado al Parlament, pero ocuparon ya sillones de edil en ayuntamientos importantes del Principat a partir de las elecciones más recientes.
Jordi Pujol, otra personalidad distinguida generalmente por la prudencia, explicaba como anécdotas las actitudes de dos taxistas de Madrid, que intentaron a echar a cajas destempladas de su vehículo a sendos catalanes, porque iniciaron una comunicación por el móvil en su lengua. El primero, se bajó. El segundo respondió que estaba en un vehículo de servicio público y tenía derecho a hablar su propio idioma, como lo haría un francés, de manera que, o le dejaba en paz, o le daba el número de licencia para presentar denuncia. Sobre esa base, el antiguo mandatario catalán apostillaba: "Lo que ahora es urgente y prioritario es no hacerse el simpático, sino ser consistentes". "No es la hora de la zalamería, del halago, sino de la consistencia, del no nos moverán, del no bajar del taxi".
Montilla incluía en su discurso matritense la constatación de la situación de cabreo generalizado entre sus conciudadanos, por ahora sin revueltas que hubieran sido multitudinarias en otros lugares por motivos más nimios que la pérdida de medios de transporte que obliga a perder horas de sueño y/o de trabajo cada día; una situación que se había anunciado para una semana y que ahora, se dice, durará al menos mes y medio, hasta final de mes.
El Síndic de greuges (figura homóloga del Ararteko) ya ha animado a las víctimas de la inoperancia a que cuantifiquen los daños sufridos y le envíen el informe correspondiente, para añadir al resto de las públicas y privadas las demandas de compensación por los perjuicios.
Ahora que todo se lee en clave electoral, hay quien espera al señor de las zetas, que puesto a disgustar alborota hasta a académicos españoles, responda con un gesto contundente de catalanismo para evitar la catástrofe en las urnas, porque en unas los analistas, unánimes, mantengan que el cabreo no se traducirá en un cambio de papeleta a la hora de votar, sino en abstención masiva. Porque ninguno de los partidos tradicionales está libre del fracaso de los trenes. Ni CiU, ni el PP, porque el diseño es de los tiempos de Pujol y Aznar; ni los socialistas, que eran mayoría entre los alcaldes que lo aceptaron, antes de demostrar su incapacidad chapucera desde la ocupación de casi todo el poder -estatal, nacional y local- ni los socios en el tripartito y en las Cortes de Madrid, cooperadores sumisos, más o menos resignados. En conclusión, cada vez son más los que caen en la cuenta que seguir siendo clientes de España cada vez es peor negoci, pero las tiendas del barrio están vacías de género atractivo y tienen los precios por las nubes.
Cada vez son más los que caen en la cuenta que seguir siendo clientes de España cada vez es peor negocio
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Sin embargo, las tiendas del barrio están vacías de género atractivo y tienen los precios por las nubes |
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