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Dos cazadores vizcainos observan una becada recién capturada este año en montes de un acotado en la zona norte de Burgos. |
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Las primeras becadas animan la temporada
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La entrada del primer contingente de sordas a Euskadi durante el pasado fin de semana devuelve al primer plano cinegético el trabajo de nuestro fiel aliado canino, el perro de muestra.
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Javier Atxa Arrizabalaga
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LOS afortunados que pudieron salir al monte en pos de la ollagorra, sorda, becada, arcea o pitorra, entre otros nombres, ya han podido constatar de una primera entrada de esta singular ave a nuestros bosques en la presente temporada.
Sin embargo, la presencia de las primeras aves de esta codiciada especie se dejó notar desde finales de octubre con las primeras capturas en muchos sitios insospechados, alejados aún de los espacios querenciosos. En los territorios de Bizkaia y Gipuzkoa se puede cazar a diario la becada, por lo que los datos que llegan de capturas entre cazadores conocidos hay que tomarlos generalmente con mayor prudencia antes de asegurar una llegada importante de esta ave. Pero los que el jueves pudieron cazar en territorio alavés y especialmente en los acotados del norte de Burgos constataron la generosa presencia de becadas, permitiendo lograr las primeras capturas serias, mientras avisaban de un fin de semana prometedor, el pasado, que en muchos casos cumplió las expectativas. Las fechas en las que estamos, vientos de componente norte y el cambio de luna, con la llena del pasado viernes, como ya anunciamos en estas líneas, seguramente tuvieron mucho que ver con este primer periplo migratorio de la dama del bosque como la llaman los franceses.
el perro, protagonista Para atrapar una becada en buena lid, el concurso del perro resulta fundamental. Recordando que nuestro fiel aliado dispone de una capacidad de oler de hasta cuarenta veces más que el ser humano, es durante estos días cuando atraviesa bosques, bosquetes, zarzas y todo tipo de obstáculos que le permitan obtener una mínima emanación que delate la presencia del ave escondida. Será con ese primer rastro con el que intensificará su búsqueda en la zona para poder mostrarle a su amo dónde se resguarda ese pájaro mimetizado con el entorno. Que cada vez más a menudo pone metros de por medio al ver que algo altera la vida normal del bosque, con preferencia para los robledales y hayedos, sin descartar pinares e incluso zonas de eucalipto. Eso sí, lugares donde se sienta a salvo y en zonas cercanas a otras en las que pueda alimentarse.
Siguiendo con los perros, los de raza setter, y más los ingleses, acaparan las preferencias de los cazadores vascos, aunque sin perder de vista a los siempre espectaculares pointers y con cada vez una mayor presencia de los espaniels y bracos alemanes. Pero el trote incansable del setter, su apasionada búsqueda, su muestra del ave y el pelaje que le protege ante las condiciones más adversas le dan mucha ventaja en nuestros montes sobre el resto de perros de caza menor.
'HACER' UN BUEN CAN. Eso sí, cada perro es un mundo y las horas de monte, y sobre todo más las veces que se haya topado con la becada, resultarán fundamentales para hacer y contar con un buen perro sordero. Algunos los prefieren que muevan mucho monte, aunque otros se decantan por disfrutar del trabajo del can a distancia de escopeta. Unos y otros elegirán, respectivamente, un collar de sonidos o el tradicional cencerro o campano para desarrollar esta modalidad emblemática y sobre la única especie salvaje, la última que queda, de poder cazar lealmente. Además este año, en el que la perdiz se está mostrando con buena presencia en los campos, retirará unas cuantas escopetas de los bosques en pos de la ollagorra. Veremos cómo avanza este mes de noviembre en lo que a becadas respecta. |
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