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Un palestino muestra una foto de Arafat durante la marcha de ayer en Jenín (Cisjordania) contra Hamás. |
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La paz de los débiles
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George Bush, Ehud Olmert y Mahmud Abbas, los dirigentes que afrontarán en Annapolis el difícil reto de llevar la concordia a Oriente Medio, tienen además un lazo común: su frágil situación política.
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Alberto Masegosa
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yaser Arafat pensaba que el conflicto palestino-israelí solo tendría fin cuando surgieran líderes con la valentía suficiente para renunciar a la guerra y clamaba por alcanzar lo que llamaba la paz de los valientes.
Tres años después de la muerte del histórico líder palestino, quienes tratan de poner fin al conflicto comparten, sin embargo, una característica muy distinta a la que aludía Arafat y la paz parece menos una cuestión de valentía que de debilidad.
La paz de los débiles podría llamarse el esfuerzo que en la actualidad llevan a cabo los dirigentes que han dado un nuevo impulso a las negociaciones para poner fin al conflicto de Oriente Medio, tras siete años de un bloqueo casi absoluto.
Los presidentes estadounidense, George Bush, y palestino, Mahmud Abbas, así como el jefe del Gobierno israelí, Ehud Olmert, son los actores del proceso y todos padecen, aunque por motivos diferentes, una frágil situación política interna.
Los tres se han embarcado para remediarlo en una singladura con la que confían en revertir esa tendencia y cuya primera escala la deberán cubrir en la conferencia de paz, que está prevista antes de fin de año en Annapolis (Maryland, Estados Unidos).
La organización de la cita no ha dejado de toparse con obstáculos desde que fuera convocada en julio y apenas semanas antes de su celebración todavía carece de fecha, agenda y número de participantes.
El firme interés de Washington en que, no obstante, se lleve a cabo tiene su mejor reflejo en las continuas visitas que la secretaria norteamericana de Estado, Condooleeza Rice, realiza a la zona, donde ayer concluyó la tercera en mes y medio.
Y con razón.
Para Bush, la conferencia supone una ocasión de oro para intentar demostrar que no toda su política en la región es un rotundo fracaso tras el fiasco de la guerra de Irak, que le sitúa en el más bajo índice de popularidad de su mandato.
De coronarse con el éxito, la conferencia le permitiría también apuntarse un tanto en el mundo árabe, donde la invasión y ocupación del suelo iraquí le ha granjeado una antipatía profunda.
Asimismo, en el caso de Olmert, las negociaciones sirven para intentar rectificar la mala impresión que dejó otra guerra, la que Israel lanzo en Líbano en el verano de 2006, primera que emprende el Estado Judío y no concluye con victoria.
Si Olmert lleva el proceso de paz a buen puerto tendría alguna opción de darle un vuelco a las intenciones de voto, superado con creces por el líder de la oposición y favorito para las próximas elecciones, Benjamin Netanyahu.
En cuanto a Abbas, la creación de un estado palestino -objetivo último de la iniciativa-, parece constituir su única posibilidad de recuperar la confianza del pueblo palestino, que en las legislativas de 2006 le dio un varapalo a su movimiento Fatah. Esa pérdida de autoridad se vio acrecentada el pasado junio, cuando el ganador de las elecciones, el movimiento islamista Hamás, expulsó de Gaza a las fuerzas de seguridad leales al presidente palestino, que solo conserva el control de Cisjordania.
Fue la toma de Gaza por Hamás lo que desencadenó el actual proceso, que el líder de esa organización, Khaled Mashaal, ha calificado de "mera operación de distracción" o si la debilidad es mejor que la valentía para alcanzar un compromiso. |
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