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Una viajera cruza tranquilamente las vías en la estación de Matabiau, en la ciudad francesa de Toulouse, durante la jornada de huelga. Foto: Afp |
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Los franceses instan a Sarkozy a ser inflexible con los huelguistas del sector público
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El paro de los trenes de todo el país y del transporte público de París seguirá hoy.
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Ulrike Koltermann
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París. Muy pocos trenes circularon ayer en Francia a causa del paro contra la reforma de los regímenes especiales de pensiones, que se hizo notar igualmente en la escasez del transporte público -metros, autobuses y tranvías- en la región de París, donde se acumularon hasta 300 kilómetros de retenciones en carreteras y autopistas. Sin embargo, Nicolas Sarkozy está decidido a salir victorioso de la lucha de poder que mantiene con los sindicatos.
El diario Le Figaro publicó una encuesta en la que dos de cada tres franceses consideran "injustificadas" las huelgas y el 70% recomienda al Gobierno mostrarse inflexible con los sindicatos. Está claro que Sarkozy tiene el apoyo de la mayoría de los franceses para esta reforma pero, de enquistarse el conflicto correría el peligro de que se alíen los descontentos -hay una huelga convocada en la función pública el 20 de noviembre y otra en los tribunales el 29-, en un contexto de desaprobación de su política económica. La encuesta reveló otro dato aún más interesante ya que el 55% de los trabajadores del sector público cree que la huelga "no está justificada".
Los sindicatos convocantes de la huelga decidieron seguir hoy el paro, pero aceptaron ponerse a negociar en presencia del Gobierno, lo que preludia que unos y otros preparan el fin del conflicto. La CGT, verdadero motor de esta huelga que es una pesadilla para los usuarios, justificó continuar con la protesta "en tanto que no haya elementos nuevos", en palabras de su secretario general, Bernard Thibault, pero al mismo tiempo abrió la puerta a una negociación a tres bandas, entre sindicatos, Gobierno y empresas, "para abordar el conjunto de los puntos" de la reforma. La CGT, como el resto de convocantes, era consciente de que tenían en contra a la opinión pública y había buscado una vía de salida aceptando negociar en cada empresa -lo que en la práctica significa aceptar el principio de la reforma- aunque con la condición de que el Gobierno esté presente. El Elíseo hizo saber poco antes que el Ejecutivo había aceptado "negociaciones en cada empresa en las que el Estado estará representado", por considerar que los sindicatos habían hecho gestos para que "la crisis se pueda desactivar desde el primer día". |
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