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fotogramas > zinebi
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Trenes y estaciones
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Andoni Iturbe
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Los ferrocarriles alemanes son el mejor exponente de su pasión tecnológica, su orgullo patrio. Los trenes alemanes, iconos de una sociedad que mira al futuro, chocan con las estaciones históricas y antiguas que persisten al paso del tiempo. Mussolini mandó construir grandes estaciones de trenes, como la de Milán, a imagen y semejanza del régimen y el nazismo convirtió sus trenes en tétricos transportes hacia el terror.
Quizás por eso Alemania ha convertido sus trenes en asépticas plataformas contra el pasado. Las estaciones, en cambio, nos recuerdan que por ahí partieron los judíos hacia los campos de concentración. Renate Günther-Greene asiste con su cámara a una de esas estaciones que transportaron a los judíos. Mientras derrumban la estación de mercancías de Dusseldorf, una voz en off recuerda la vivencia de Hilde Shermann-Zander, una de las pocas supervivientes al horror, que soñaba con ejercer de esposa.
Este documental (2007 Ehe Die Spuren verwehen) se pudo ver ayer en el Concurso Internacional, junto a un alegato contra la pena de muerte rodado en un único plano secuencia. Otra película alemana El último tren a Auschwitz se estrenará en el Día Oficial del Holocausto y la Prevención de los Crímenes de la Humanidad, el 27 de enero, fecha que conmemora la liberación del campo de exterminio de Auschwitz (Polonia).
Los trenes han sido los testigos más directos del horror, y las estaciones su cobijo. Renate Günther se fija en la soldadura de un edificio que aparentemente no contiene nada significativo; su cine sólo observa con quietud, sin arrojo. Conviene recordar el horror de aquellas multitudes muertos hacinados o ejecutados como burdas ratas. |
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