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Mesa de redacción
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África en Lisboa
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Oscar Subijana
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EUROPA y África, dos continentes, cientos de países, están reunidos en Lisboa para intercambiar distintos puntos de vista, todos ellos marcados por un fuerte componente económico. Las primeras autoridades ya han desgranado los posibles objetivos de la cumbre: "Imagínense lo que podemos conseguir si demostramos al mundo que estamos dispuestos a dar un nuevo paso, que 1.500 millones de personas y 80 países pueden tener un enfoque común", insiste el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso. La utopía está servida. Porque para Europa puede ser bastante fácil hablar de cooperación desde su posición de poder. Porque la comodidad que da a los europeos el saber que su abultada renta per cápita va a evitarles pasar hambre contrasta con las miles de muertes diarias en cualquiera de los países africanos que han mandado representante a Lisboa. Sólo esta diferencia relativiza las conversaciones. El fundamento de la cumbre parece reformar la forma en que África y Europa vinculan sus necesidades económicas y comerciales. Parece loable dar una vuelta a lo establecido si entre todos son capaces de mejorarlo. Pero, a priori, parece tanta la distancia entre el traje Armani de Nicolas Sarkozy y el ropaje tradicional de un representante senegalés. Personalmente, creo que cuando la diplomacia mundial se reúne con África, la conversación debe arrancar de la necesidad de acabar con el hambre, de erradicar los gobiernos corruptos que propician esa falta de recursos, muchos de los cuales tienen a mandatarios europeos en su plantilla de protectores. Mientras no desaparezca en cinismo europeo y mundial de ver en África una fuente de recursos más allá de la situación interna y desesperada de algunos países, las posibles soluciones para estos desfases nunca aparecerán. |
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