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La patrimonialización de las movilizaciones por la clase política es uno de los argumentos que explicaría la desmovilización; en la imagen, Patxi López en la concentración de Madrid. |
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La calle calla
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La manifestación la habían convocado todos los partidos tras el asesinato de un guardia civil. En Madrid, donde viven seis millones de personas, acudieron cerca de 7.000 y duró cinco minutos. ¿Ha pasado el tiempo de la manifestación?
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convocar una manifestación se ha convertido en un ejercicio de alto riesgo. No físico, pero sí de credibilidad. De un tiempo a esta parte, la capacidad de movilizar a la sociedad ha sufrido un bajón considerable. Madrid enmarcó el martes el último y representativo ejemplo. Nadie se salva. Incluso profesionales del asunto, como la autodenominada izquierda abertzale. Salvo excepciones cada vez más excepcionales, la gente no está por la labor. La calle calla. ¿Hartazgo? ¿Resignación? ¿Modernidad? ¿El fin de la manifestación? Cuatro expertos analizan la cuestión para DEIA.
a. retortillo > vicedecano upv
"Las manifestaciones son ahora marketing político"
Alfredo Retortillo es profesor de Ciencia Política y vicedecano de Organización Docente. Hilvana lo sucedido en Euskadi y Madrid con un declive de ciertas formas de participación política masiva en Europa occidental y América del Norte. "Nos cuesta movilizarnos en manifestaciones en las que como individuos contamos poco, en las que somos uno más dentro de una masa. Parece que llena poco", ilustra.
Al entrar en harina, los partidos políticos se le quedan entre los dedos: "La manifestación como expresión política ha perdido fuelle por la utilización abusiva de los partidos. Las manifestaciones se están convirtiendo en un instrumento de marketing político. Los políticos han tomado el protagonismo en las manifestaciones. Si nos damos cuenta, una parte del escenario de los mítines son militantes del partido que están detrás del líder que habla. A las manifestaciones les ha pasado igual. Los manifestantes, en muchas ocasiones, se han convertido en el escenario para el discurso de los políticos, que son quienes convocan, quienes cogen la pancarta y quienes protagonizan el éxito o el fracaso. Se le da muy poco protagonismo a quien va a la manifestación y eso resta incentivos. Las marchas se han convertido más en una cuestión de números, de cifra de asistentes, que de mensaje. Parece que el peso del argumento depende del número de asistentes".
El descrédito en los políticos influye, según Retortillo: "La política es mucho más, pero se suele reducir a la llamada clase política. Eso tiene un descrédito. En las encuestas sale que uno de cada tres vascos tiene interés por la política. Estoy seguro de que si vamos a una cafetería o a una comida familiar de domingo más que uno de cada tres hablan de política. Pero cuando se hace la pregunta, la gente lo identifica con una manera determinada de expresar la política. Los políticos como clase profesional han sufrido un descrédito, y si son esos mismos quienes llaman a salir a la calle tienen más dificultades de éxito".
imanol zubero > sociólogo
"Ya hemos dicho todo lo que teníamos que decir en la calle"
Fue uno de los fundadores de Gesto por la Paz. Actualmente imparte clases de Sociología en la UPV. El análisis de Imanol Zubero zarpa de un hecho: las instituciones y partidos políticos han cogido el testigo de las organizaciones sociales. "Ese relevo hace que se multipliquen las convocatorias y que, por ejemplo, haya dos el mismo día. Eso quizá reste más que sume. Además, la conflictividad tan exagerada entre partidos politiza las convocatorias. Miramos más a quién nos llama que a por qué se nos llama. Antes, en las concentraciones de Gesto, por ejemplo, también había poca gente. Pero, por decirlo de una manera muy bruta, parecía que eran más limpias. Se sabía a lo que se iba. En los últimos tiempos se suman los problemas: hay menos gente y, encima, no sabes a qué vas. Escuchas gritos a favor de la pena de muerte, en contra del Gobierno... Más que el tema numérico me preocupa la pérdida de calidad de algunas concentraciones", confiesa.
La palabra hartazgo no cabe en su explicación: "Los ciudadanos tenemos la tentación de ser los inocentes de las historias y pensar que ya hemos hecho mucho. Tampoco hemos hecho tanto. No explicaría esto por un exceso o un cansancio de activismo ciudadano. En este momento pueden concurrir dos cosas. Una, que llevamos mucho tiempo haciendo cosas y que no es verdad que todo esté igual. A pesar de que hay un discurso político muy interesado del PP y la AVT de que estamos peor, la sensación de la gente no es ésa. Las encuestas de opinión revelan que ETA pierde puestos como principal problema de las personas. Choca decir estas cosas con dos muertos recientes, pero la gente sabe que estamos mejor. Estamos en el final del ciclo de la violencia política. Eso quizá invita a la gente a pensar que es tiempo para que actúen los partidos políticos, las instituciones, la policía, los jueces... En teoría, los ciudadanos podemos dedicarnos a hacer otras cosas. Tal vez tenemos menos urgencias o emergencias para actuar. Parece que es menos relevante estar en una concentración. Y eso quizá sea bueno, porque ha bajado la tensión en la sociedad. Si la violencia de ETA volviera a los años 80-90 y la pasividad de la sociedad fuese la que hoy parece que es sí sería preocupante. Objetivamente, la situación hoy no es tal. No se puede pedir a la gente que esté tan activa cuando el momento es radicalmente distinto. Seguramente, hemos dicho todo lo que teníamos que decir en la calle. Salvo los de siempre, no falta nadie por decir No a ETA. Quizá tampoco sea bueno un exceso de convocatorias. Hay que dejar reposar las cosas, dar plazos, que los procesos sigan su curso, que no haya exceso de ruido. A nivel político se han hecho cosas importantes, parece que hay una reflexión abierta en el seno de la izquierda abertzale, parece que ETA tiene menos oportunidades de atentar... Dejemos que la salsa repose, no le apliquemos mucho calor, no sea que se queme. En una democracia no puedes tener a la gente todo el día en la calle. No es un síntoma de normalidad".
paul ríos > lokarri
"La sociedad pide soluciones a los partidos, no movilizaciones"
Paul Ríos ejerce de coordinador general de Lokarri, red ciudadana por el acuerdo y la consulta. Se mira a sí mismo y arranca: "Los movimientos sociales convocamos demasiadas movilizaciones que la sociedad no percibe como necesarias". Como Zubero, constata que partidos, instituciones y gobiernos compiten con ellos por movilizar al personal: "Lo que la sociedad les pide no es movilización social, sino que afronten los problemas y les busquen una solución. La sociedad requiere que se resuelvan los problemas y no seguir dando vueltas al mismo tema una y otra vez".
Ríos tiene muy asumido que las calles no son lo que fueron: "Si comparas Lokarri con Elkarri, no tenemos la misma capacidad de convocatoria. Pero esto sucede hasta a la propia izquierda abertzale, que tiene muchos problemas para sacar a su sector social a la calle. Estas formas de participación no responden a la realidad actual de la sociedad. Y está la sensación de hartazgo de la gente, de que lo que hay que hacer es dejarse de tanta movilización, de darle tantas vueltas, entrar en harina y resolver esto". El coordinador de Lokarri advierte de las posibles consecuencias: "Se está perdiendo el empuje que la sociedad aportó, por ejemplo, al último proceso. Sin ese empuje social, aquellos que quieren mantener posiciones inmovilistas se sienten cómodos porque no tienen presión para cambiar sus posturas".
Ríos no suscribe que la manifestación esté a punto de convertirse en un objeto de museo: "No puede usarse tanto como en el pasado, pero sí tiene que seguir siendo una herramienta del futuro. Cuando alguien sale a la calle es porque percibe que se trata de un hecho grave, que la movilización tiene un mensaje positivo y un componente de pluralidad entre los convocantes".
xabier aierdi > sociólogo
"La violencia no ha movilizado nunca a nadie"
"Mientras la gente no pueda ir en Euskadi a una manifestación a favor del 18/98 a la mañana y a la tarde a una manifestación de Gesto por la Paz es muy difícil que la movilización en general tenga un arreglo, porque, en el fondo, las movilizaciones se han entendido más como una estrategia en contra de los otros que como una estrategia en contra de la violencia". La reflexión lleva la firma de Xabier Aierdi, profesor de Sociología de la UPV. Se le nota un tanto desencantado. Explica por qué: "Se ha confundido el estar en contra de la violencia con tener que estar a favor de una determinada corriente política. En el fondo, tiene que haber una posición absolutamente contraria a la violencia en general. Si yo estoy en contra de la violencia pero no estoy en contra de la salvajada jurídica que significa el 18/98, ¿qué estoy defendiendo?".
Aierdi critica la rentabilidad política que tanto PSOE como PP quieren obtener de la violencia, pero no cierra los ojos a la realidad: "Toda movilización que no sea medianamente politizada tiene muy poco margen de maniobra. Entiendo la soledad de gente como la de Gesto por la Paz, que siempre han sabido que son pocos y con poco apoyo, pero que desde el impulso ético han mantenido su reivindicación. Desgraciadamente, la gente habla de violencia en una clave política, y creo que hay que tener una clave más ética que política. Pero hay muy poca gente en esa clave".
Aierdi incide también en la incapacidad de muchos se situarse en el lugar del otro: "En el consenso se ve la violencia desde muy lejos. Mientras la violencia no te afecte a ti personalmente, no hay nada que hacer. La gente que estuvo el domingo por la mañana en Bilbao (18/98), ¿por qué no se movilizó por la tarde con Gesto? Y viceversa. Creo que la gente sigue pensando que mi sufrimiento sólo es mi sufrimiento y que me importa un comino el sufrimiento del prójimo. Mientras mi sufrimiento no sea el sufrimiento de todos y el sufrimiento de todos no sea mi sufrimiento no hay nada que hacer y no va a haber movilización. En el fondo, la cuestión de la violencia no ha movilizado nunca a nadie, desgraciadamente", opina.
"Yo en esto soy muy escéptico -prosigue-. Las movilizaciones cuando tienen una dimensión política pueden ser más grandes, pero cuando tienen que hacer un cálculo más en cuestiones de víctimas, tienen siempre un recorrido más corto, desgraciadamente. Mientras no nos demos cuenta de que todas las víctimas son víctimas nuestras, seremos una sociedad bastante indecente, la española y la vasca. No puede haber tanto sufrimiento. La pregunta que me hago es: ¿quién va a parar esta situación? ¿Quién va a dar el primer paso? Soy muy escéptico. Creo que nadie lo va a dar".
Partidos e instituciones han tomado el relevo a los movimientos sociales para convocar a los ciudadanos
Los analistas creen que las manifestaciones están politizadas y que la gente está hastiada de no ver soluciones |
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