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Gemma Zabaleta es una de las parlamentarias más veteranas en la Cámara de Gasteiz, donde ejerce desde 1993 representando al PSE-EE. Foto: asier bastida |
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GEMMA ZABALETA PARLAMENTARIA DEL PSE-EE
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"Los ordenamientos jurídicos deben modificarse en base a las necesidades de cada momento democrático"
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Gemma Zabaleta no es una político al uso. Sus mensajes y el modo de expresarlos se salen de los coordenadas habituales. Abanderada de las posiciones más avanzadas del PSE en relación a la resolución del conflicto, plantea una manera distinta de entender la política
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Humberto Unzueta
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GASTEIZ. La de Gemma Zabaleta es una de esas voces que nunca suenan estridentes en el panorama político, aunque siempre se las apaña para que el eco de sus heterodoxos planteamientos tengan gran sonoridad allí donde las realiza, ya sea en el seno de su partido, en el debate político abierto o en movimientos sociales como Ahotsak.
¿Supone el atentado en Capbreton una vuelta al oscuro pasado?
Cada vez que ETA golpea nos recuerda que sigue encerrada en una estrategia terrorista que sólo trae sufrimiento y un freno a la capacidad de reflexionar y, en su caso, explorar nuevos caminos. Se trata de una estrategia del pasado, totalmente agotada y que no conduce a ninguna parte. Por nuestra parte, tenemos que intentar que nos condicione lo menos posible y que no nos dividan.
¿Se imaginaba que un lehendakari y compañeros de su partido pudieran terminar en el banquillo de los acusados por dialogar?
Me preocupa mucho esta situación porque, aunque no es el lehendakari de mi partido y al que yo voto, es el representante de todos los vascos. La inmensa mayoría de los vascos no entendemos ni compartimos que el lehendakari se siente en el banquillo de los acusados. Desde un punto de vista jurídico espero que esto se resuelva positivamente para todos los que se tienen que sentar en ese banquillo, que lo son por cierto por la misma causa. Siempre he pensado que era un camino mal emprendido y, por tanto, lo que mal empieza está abocado a no terminar bien. Siempre he pensado que podía llegar un momento en el que esto se tendría que reconducir. La sentencia del caso Botín puede ser paradigmática para el futuro que pueda tener esta causa y para que todo se resuelva positivamente.
En el fondo del juicio se encuentra la Ley de Partidos impulsada por el PSOE y ejecutada por el Gobierno socialista.
Sin ninguna duda, es una consecuencia de la Ley de Partidos, pero también son aplicaciones a veces muy individualizadas de los jueces con respecto a esa Ley que nos lleva a esta situación.
El PP insiste en la ilegalización de ANV y EHAK. ¿Ve al PSOE y al presidente Zapatero con capacidad para no ceder ante la presión de los populares y su entorno mediático?
Creo que sí, que los pronunciamientos en relación a la búsqueda y a la necesidad de demostrar con pruebas aquellos argumentos que se plantean para ilegalizar y para expulsar de la vida política a ANV en las pasadas elecciones han sido claros por nuestra parte. Al PP no le importa la Ley de Partidos si no es para utilizar la política antiterrorista como un arma electoral. Por otra parte, espero que el comportamiento de ANV y EHAK evidencie su posición inequívoca y clara con respecto a la violencia y a la necesidad de deslegitimar la violencia.
¿Espera algún paso en esa dirección por parte de ese mundo?
Una cosa es que no utilicen la palabra condena, pero espero que sus posicionamientos públicos sean cada vez más claros con respecto a la deslegitimación de la violencia y la apuesta por las vías pacíficas y democráticas. Se pueden decir las cosas de varias maneras y no de una manera que se ha convertido en un fetiche. En muchas ocasiones escuchamos al portavoz de ANV leer los principios fundacionales de su partido y su posición con respecto a la violencia.
Sus palabras suenan a una manera diferente de hacer política.
La política tiene que ser diferente y seguir el ejemplo de lo que hicimos las mujeres en Ahotsak, que fue intentar poner en practicar una filosofía y una manera distinta de hacer política que nos ha aproximado unas a otras; hemos logrado acuerdos sobre documentos que en otros ámbitos de la política son más difícil de alcanzar. Hay que buscar más los puntos de encuentro que las diferencias, que es como hacemos la política a día de hoy. La actual es una política excesivamente electoralista y coyuntural, está muy pegada al rédito inmediato. Los grandes problemas, entre ellos el conflicto o como quiera llamársele, sólo se pueden abordar con una metodología diferente, sin cortoplacismos ni partidismo o electoralismo.
Desde esa concepción de la política es desde donde habría que empezar a construir un nuevo proceso de resolución del conflicto.
Desde esa manera podemos abordar un proceso de normalización, que es el gran pacto político para el siglo XXI que resuelva el autogobierno de los vascos, sea cual sea, para muchos años y para los futuras generaciones. El proceso de pacificación es bastante más complicado, las bases sobre las que se asentó el anterior eran sólidas y aceptables en la medida que habilitaba dos mesas diferentes. Si en algún momento se abordase de nuevo un proceso de paz sería porque esa primera parte de negociación entre un gobierno y ETA está clara, porque ETA ha acreditado su voluntad de dejar las armas.
Dice que el punto de partida de un futuro proceso es el abandono definitivo de las armas, ¿y cuál sería el de llegada?, ¿tiene límite?
A mí, y al decir esto no hablo en nombre del partido, no me gusta hablar de un diálogo con o sin límites sino de un diálogo sin prejuicios, en el que se puedan abordar todas las cuestiones y la manera mediante la cual pueden tener su encaje jurídico, político y constitucional. No creo que los ordenamientos jurídicos sean inmutables. Creo que deben cambiar y se deben modificar en base a las necesidades de cada momento democrático. Lo que acordemos los vascos, todos los partidos políticos respetando esa pluralidad, es lo que debe tener su reflejo en el ordenamiento jurídico, sea para mantener el marco vigente, sea para cambiarlo. Ése debiera de ser el principio, por lo tanto no quiero hablar de límites sino de posibilidades que se pueden abrir dentro de esas reglas de juego. Si la mayoría de los vascos quisiera ejercer sus derechos de manera independiente al del resto de los españoles eso tendría que tener su reflejo jurídico, político y constitucional. Ésa es mi personal posición política a este respecto.
¿Cómo vivió el veto de Ferraz al PSN para formar un gobierno con NaBai e IU y desbancar a UPN?
Lo viví con bastante tristeza porque creo que no se ofreció una imagen positiva. Todo el proceso fue bastante penoso porque se generaron una expectativas que luego no se estuvo dispuesto a asumir. A mí me hubiera gustado extraordinariamente el cambio en Navarra, me hubiera gustado que el objetivo nuestro, que es gobernar para impedir que el PP gobierne, se hubiera producido. Me gustan los gobiernos transversales, plurales, los que son capaces de gestionar las distintas sensibilidades de una sociedad.
Siendo así, ¿cómo se explica que su partido no lo aceptara?
Es difícil esta operación cuando nosotros somos el tercer partido en esa comunidad. Quizá sea necesario un respaldo mayor para abordar en condiciones una operación de esta naturaleza. De todas formas, espero que esta experiencia sirva para todos y para que el PSOE pueda reforzar su posición y disputar el Gobierno a UPN.
Lo ocurrido en Navarra con el PSN y en Catalunya con el Estatut deja en entredicho el grado de autonomía del PSE, cuando tome una decisión distinta a la de su matriz.
En la mayoría de los casos no suele darse conflicto, entre otras cosas porque nosotros más allá de que a través de la persuasión y del trabajo interno del partido consigamos defender unas determinadas posiciones en el seno del PSOE para que puedan ser compartidas, es evidente que el PSE o el PSN son el PSOE. En un momento determinado esto puede ser entendido como un handicap, pero también es nuestro gran valor y activo.
¿Qué lectura hace del acuerdo entre su partido y PNV en torno a los Presupuestos Generales de la CAV?
Me parece positivo porque desde hace varios años el PSE mantiene una línea de intentar buscar acuerdos en asuntos de tanta envergadura como son las cuentas mediante las cuales se puedan llevar a cabo las políticas reales que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos. Todavía no hace mucho tiempo vivíamos una situación de desencuentro total en todos los temas, pero hemos sido capaces de superar esa situación y de buscar acuerdos, especialmente lo que afecta a la vida real de los ciudadanos.
Luego, a su juicio, se impone el pactismo.
Soy una gran defensora del pactismo. El pactismo no es patrimonio de ninguna formación política de Euskadi, ha sido una manera de hacer política de los vascos durante muchas épocas de nuestra historia reciente. Gracias a ello se logra el Estatuto de Gernika y su desarrollo, y también en base al pactismo se tendrá que mejorar, renovar o modificar en su caso el autogobierno vasco cuando se den las condiciones para lograrlo.
¿De qué sirven los pactos si luego, como en el caso del Estatuto de Gernika, una parte, el Gobierno español, no los cumple?
No creo que sean tantas las que queden por transferir, aunque algunas son importantes. Podemos hacer dos cosas: podemos atascarnos en aquello que nos separa y por lo tanto hacer de ese desencuentro un problema, o tratar de ver de qué manera podemos solucionarlo o superarlo. El desencuentro no es algo que sólo ocurre entre el Gobierno de Euskadi y el Gobierno de España. El desencuentro muchas veces se produce de puertas adentro, a veces de produce entre el Gobierno vasco y Diputaciones.
¿Ve posibilidades de alcanzar un pacto en torno a la hoja de ruta del lehendakari?
Es una propuesta que en la medida que, como primer punto de partida, plantea una relación bilateral entre el presidente del Gobierno y el lehendakari. Estamos en fechas electorales y habrá que esperar a que se celebren los comicios, a que haya un nuevo presidente en Madrid, que espero que sea Zapatero, y se empiecen a desgranar los procedimientos y principios para abordar la reforma o la renovación de nuestro autogobierno, o la búsqueda en su caso de una nueva legitimidad vasca para este siglo que nos toca vivir.
La propuesta ha obligado al movimiento de todos los actores políticos, cuando todo se había parado tras la ruptura del proceso.
El lehendakari tiene una virtud en muchas ocasiones que es la de remover las aguas, lo que no estoy tan segura es que remover las aguas sea apaciguarlas o que eso sea algo positivo si no va acompañado de un procedimiento para que eso se produzca. En eso estamos y todos estamos concernidos a participar en ello, no sólo él; tiene que existir la capacidad de propuesta como lo hace el PSE. Es verdad que el lehendakari remueve esas aguas pero ahora toca la segunda parte, que es encauzarlas y creo que mi partido está llamado a hacerlo.
¿En qué dirección?
Hay que encauzarlas buscando una mirada compartida hacia el país. Aborrezco esa tentación, en la que a veces nosotros mismos caemos, de dividir al país entre nacionalismo y no nacionalismo. Las cosas no son así de sencillas, porque hay muchas maneras de sentirse, de defender al país y a su sociedad. Esa clasificación entre nacionalistas y no nacionalistas nos separa, nos hace menos conciliables. Hay que trabajar por hacer un diagnóstico común de la situación y por abordar aquello que queremos entre todos. Todo aquello que lleve a la crispación, al enfrentamiento, es una receta del pasado.
En esta nueva manera de hacer política, ¿es ETA el único factor de distorsión?
ETA es un factor al que debiéramos de darle cada día menos importancia para que no marque la agenda. ETA lo único que hace es provocar sufrimiento y provocar más inmovilismo, es la gran coartada para aquéllos que no quieren moverse, que no quieren observar la realidad del otro, que no quieren compartir. Esa es nuestra tragedia y hay que hacer grandes esfuerzos para que no marque la agenda y para que no imposibilite la reflexión. Durante muchos años no la ha imposibilitado porque el pacto político anterior, el Estatuto de Gernika, se logró pactar y se ha desarrollado mientras ETA ha estado actuando. Si ahora hay una mayoría suficiente en el país que considera que hay que poner el reloj del autogobierno a tiempo, habrá que acometerlo sin complejos. Es verdad que existe el frenazo que supone ETA, pero también la persistencia de impedir llegar a acuerdos o de no tener capacidad de llegar a acuerdos, eso también ha provocado que en esta cuestión estemos retrasados.
La propuesta del lehendakari tiene como primera estación la búsqueda de un acuerdo, pero el PP y el Partido Socialista la rechazan.
Eso es así porque la propuesta del lehendakari no va en esa dirección, es un planteamiento más unidireccional y unilateral que da por bueno el llamado Plan Ibarretxe aprobado en el Parlamento vasco, y a partir de esa premisa se plantea una negociación con el Gobierno español sobre esos principios. Yo abogo por el discurso del lehendakari de 2006 porque hace un año los partidos políticos iban en la dirección de tratar de buscar la manera por la cual se pudiera poner en marcha una mesa de partidos y un diálogo multipartito.
La situación entonces era distinta a la actual: ETA estaba en tregua, ahora no.
Es verdad que era un momento de distensión, y quizá eso facilitaba un diálogo político más visible, pero creo que hay tener los cauces de diálogo político abiertos. Hay que trabajar porque el escenario del diálogo multipartito se pueda producir porque no creo que haya una solución de abordaje de nuestro autogobierno y de su modificación, en la dirección en la que la mayoría de la sociedad lo quiera, si no se aborda ese diálogo multipartito. |
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