Manu González trabaja en los entresijos del mercado de Santo Tomás. Es responsable de la Obra Social de BBK, entidad organizadora de la mayor fiesta del agro vizcaino y que celebrará el próximo viernes su sesenta edición. Cada año trabaja en el montaje de esta fiesta bilbao.¿Cuándo comienzan con los preparativos de Santo Tomás?
En octubre, enviando a los productores una carta para que quien lo desee solicite participar en la feria.
¿Cuántas cartas han enviado este año?
Más de 200, pero luego hacemos un filtro. Valoramos la calidad de los productos, si son productores habituales, si son jóvenes y sus vinculaciones con la caja, que manejen sus recursos con BBK. La mayoría de ellos son habituales de las ferias y la caja organiza Santo Tomás en toda su integridad.
El espacio disponible será fundamental en la organización.
Claro. Siempre hemos estado bastante amontonados. Fue el Ayuntamiento quien dijo este año que ahora que tenemos espacio podíamos mantener el número de puestos y hacer que el usuario tuviera su parte de beneficio disfrutando de mayor espacio.
¿Habla del muelle de El Arenal?
Es una ventaja tener este sitio que nos desahogará porque hemos estado amontonados. Incluso mejorará la seguridad, por ejemplo si ocurriera algo y habría que evacuar el sitio. En los 14 años que llevo en la Obra Social no hemos estado nunca en el muelle, entre otras cosas porque era parking. Pero ya han dicho que se usará de forma excepcional.
Es competencia de la Oficina de Uso del Espacio Público de reciente creación en el Consistorio.
Es una ventaja para nosotros, los que organizamos eventos. Ten en cuenta que es la virtud de tener un interlocutor que centraliza todo. Antes teníamos que dirigirnos al área de Sanidad y el proceso era más complicado.
Es que son muchas las cosas a tener en cuenta.
Fíjate. Hay que cortar el tráfico por todo El Arenal. Además de la seguridad, hay que poner un montón de contenedores, limpiar constantemente. Es una movida…
¿A qué hora comenzarán a trabajar el viernes?
A las cinco de la mañana empiezan a llegar los camiones de todos los productores, porque a las nueve, cuando se abre la feria, tienen que estar fuera.
¿Cómo deciden cuántas casetas hay de cada producto?
Según las peticiones y se distribuyen de forma proporcional. Son muy pocos los que se quedan fuera. Este año han sido unos quince.
Pero también hay intrusismo
Sólo admitimos productores vizcainos. La Policía Municipal controla las ventas ambulantes. Ahora tenemos también el top manta de relojes, cinturones, etc. Y hemos tenido de todo: gente que venía de Cantabria, de La Rioja a vender turrón en una furgoneta, o morcillas en Burgos... Nosotros tenemos un presupuesto para apoyar el sector primario, y tenemos muchos productores pequeñitos que sino fuera por las ferias difícilmente mantendrían sus explotaciones.
¿Ha cambiado el mercado con los años?
Sobre todo en la calidad y las condiciones higiénico-sanitarias en las que se vende y manipulan los alimentos. El salto ha sido brutal.
Lo que no cambia es que desde bien pronto por la mañana la gente ya está con su sidra o txakoli y su talo con chorizo.
Los alumnos de los euskaltegis se plantan allí antes incluso. Las once es la mejor hora para comer talo con chorizo, porque a las dos de la tarde, con la avalancha de gente que hay se hacen más rápido, aunque al final lo comemos todo.
¿Cuánto nos costará el talo este año?
Si miras en internet verás que hay blogs en los que la gente habla de hasta seis euros. Pero me quedaría en cuatro.
¿Es una fiesta sólo de bilbainos?
Vienen visitantes de todas partes. De Bizkaia y de fuera. Y para el Casco Viejo es una aportación importante por la brutal cantidad de gente que se mueve por allí. Los de Bilbao no aprovechan para hacer compras ese día, pero los de fuera sí.
¿Podemos comparar el Santo Tomás de Bilbao con el de Donostia?
Como el de Bilbao no hay ninguno.
Y si llueve, ¿hay menos gente?
Igual. Quizá un poco menos, pero es igual. Las casetas tienen visera aunque con el mogollón de gente que hay no protegen en exceso. Pero para comprar, vale. Hace dos años llovió e hizo frío, y dio lo mismo.
¿Los premios son un atractivo?
Antes sólo se premiaban productos que había en la feria y el año pasado le dimos una vuelta y decidimos instaurar premios a la trayectoria. Hay mucha gente que está trabajando todo el año, ¿Por qué vamos a dar el premio al que sólo venga al mercado? Así que, a los puestos más habituales, los de hortalizas, frutas y plantas, les daremos un premio a la trayectoria. En txakoli, queso y pan, mantendremos los premios a los mejores productos que elegirá un jurado. Es un reconocimiento a la trayectoria y a la calidad del producto in situ.
¿Y el premio al productor joven?
Se lo daremos al que destaque en el conjunto del año de los seis que se presentan este año. Hay que promocionar a los que empiezan porque sino los caseríos se nos quedan huérfanos.
¿Siguen dando 300 euros o ha aumentado la cifra?
No la renovamos porque es más simbólico que otra cosa. A partir de esta cifra hay que hacer retenciones. También entregamos un trofeo, el Mikeldi, desde el año pasado y que sustituye a las placas. No se trata tanto de dar dinero como de singularizar. Es un prestigio. Es bonito subir al escenario a recoger el premio.
Para usted, ¿qué es lo mejor de Santo Tomás?
Ver cómo se lo pasa la gente. A las ocho de la mañana ya estoy allí para desayunar y hacernos cargo de cosas que surgen, como el productor que no está de acuerdo con el sitio que le ha tocado, etc. Luego, los premios, el correspondiente talo, una vuelta, comida… y cuando vuelves a las siete de la tarde y ves todo abarrotado, es increíble...
Esperan superar los 110.000 visitantes del año pasado.
Creo que las cifras se quedan cortas. La gente va rotando desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche y es difícil cuantificar. Y ver el resultado después de haber empezado a currar en octubre, resulta muy satisfactorio.