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Imagen tomada de la catedral de Brasilia, diseñada por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Foto: efe |
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Un siglo de Oscar Niemeyer, el maestro de la estructura curvilínea
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El arquitecto que inventó la ciudad de Brasilia, odia el ángulo recto tanto como el capitalismo.
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s.a.
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Bilbao. Oscar Niemeyer es a la Arquitectura lo que Pablo Picasso a la pintura: un nombre universal, un maestro de la estructura curvilínea, uno de los padres del modernismo, pero también un humanista y un hombre comprometido.
Es la opinión más extendida en las filas de sus colegas de profesión como sir Richard Rogers, Renzo Piano, Álvaro Siza, Richard Meier, Zaha Hadid, Ricardo Legorreta, Teodoro González de León, Juan Herreros y Gae Aulenti, quienes han compartido sus impresiones sobre Niemeyer con Efe en vísperas de su centenario.
"Oscar Niemeyer es un gran arquitecto, uno de los maestros originales que dieron forma al movimiento moderno", afirma el británico Rogers, quien destaca sus edificios "hermosos, plásticos, bien proporcionados, dinámicos y blancos" que "combinan la escultura, la funcionalidad y la ciencia con el arte".
Premio Pritzker (el Nobel de Arquitectura) como Niemeyer, sir Rogers no oculta su amor por la obra del arquitecto brasileño y muestra una especial debilidad por el pabellón de la Galería Serpentina, una especie de vela blanca en el Hyde Park londinense.
"Es como si hubiese pasado cien años depurando su obra hasta alcanzar una sencillez mágica", se extasía el autor, junto al italiano Piano, del emblemático Museo Georges Pompidou de París, quien transmite a Niemeyer un efusivo mensaje: "¡Feliz cumpleaños y ojalá que puedas seguir haciendo nuestro mundo más hermoso!".
Para Piano, la arquitectura de Niemeyer, quien estuvo en el jurado que le asignó a él y a Rogers la construcción del Pompidou, "canta, tiene voz y las ciudades necesitan edificios que canten, porque si no todo es demasiado plano, gris".
También premio Pritzker, Piano estimó que más allá de las enseñanzas de Niemeyer con las formas y la "profunda huella" que ha dejado en la profesión su forma de entender el "compromiso político y el papel cívico", lo que le viene a la cabeza cuando piensa en el artífice de Brasilia es "la alegría de la arquitectura".
Esa "magia" que él busca en sus edificios es "un poco la alegría de Niemeyer", que "no es vacía" porque "detrás hay un papel político, el de hacer arquitectura para que la gente la goce y para que la ciudad sea un lugar de felicidad".
Para otro premio Pritzker, el portugués Álvaro Siza, Niemeyer era conocedor de las dificultades políticas que afectan a la evolución de la arquitectura y fue capaz de superarlas "con el coraje de un sueño nunca interrumpido".
La referencia a Niemeyer ayudó a "la reconquista de la libertad creativa, la conjunción de tradición y modernidad", señala Siza al rememorar la fascinación que producían en su generación sus diseños: "Pilares como puntos, paredes como finas líneas ondulantes, casi disuelta la forma, con todo tan nítida y tan nueva y tan evolutiva".
Niemeyer es una "figura que inspira a todos aquellos que quieren crear edificios maravillosos como los que él ha hecho a lo largo de toda su carrera", dice el estadounidense Richard Meier, a quien le gusta la pureza y claridad que transmiten sus obras, como la sede del Partido Comunista francés en París, la editorial Mondadori en Milán o el Museo de Arte Moderno Niterói de Río de Janeiro. |
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