HA tenido que ser ahora, a estas alturas de 2007, cuando el Gobierno español admita que sus previsiones económicas eran excesivamente optimistas para 2008 y, por boca de su ministro Solbes, reduce la tasa de crecimiento en dos décimas hasta el 3,10%. Con todo, parece que aún están un poco largos y nos fijamos en otras previsiones, realizadas desde instituciones y entidades financieras serias, como la OCDE y el BBVA, que señalan una tasa del 2,5%.
Agrega el señor ministro que estamos ante "un horizonte de alto crecimiento" y que la economía española cuenta con "bases sólidas" para afrontar las turbulencias en los mercados financieros internacionales. Sin embargo, la Asociación Española de Banca (AEB) estima que la crisis crediticia durará varios meses más y añade que hasta que las auditoras no fiscalicen los balances empresariales será imposible recuperar la confianza. El BBVA va más lejos y anuncia para 2008 el "mayor parón en la historia de la construcción" con una pérdida neta de 90.000 empleos.
No sorprende esta disparidad de criterios y menos ante la inminencia de unas elecciones generales que, entre otras virtudes, aumenta la capacidad de prestidigitación de los políticos, cuya magia consiste en convertir en positivo aquello que suena a negativo. Y, si esto no es posible, habrá que aprovechar la coyuntura de un escenario festivo para pronunciarse y evitar el debate público. Tal y como está el calendario de estos días, cargado de acontecimientos sociales, no parece probable que se cuestione y argumente la credibilidad de las previsiones ministeriales.
No obstante, se constatan movimientos financieros interesantes y elocuentes. Por ejemplo, el mercado bursátil ha castigado con dureza a las constructoras cotizadas en Bolsa. Se habla de pánico inversor en el ladrillo y los resultados a día de hoy evidencian la ineficacia de las medidas tomadas hasta la fecha. Sin embargo, Solbes sigue pensando que el PIB va a crecer por encima del 3% en 2008. La recesión es un concepto muy duro, pero la crisis inmobiliaria y la restricción del crédito van a provocar más de un disgusto y un frenazo importantísimo de la economía. A la gravedad del problema debe sumarse las dificultades por la que puede atravesar el sector de la construcción para amortizar las ingentes deudas en que han incurrido para financiar sus operaciones corporativas.
Sin olvidar la erosión que provoca en las economías domésticas una inflación incontrolada y un euribor en zona alta. Con estos precedentes, el regalo navideño del señor Solbes no ha sido turrón, sino ladrillo. Mejor dicho, ladrillazo. |