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El 73% de los fumadores, sobre una muestra de 2.510, ha tratado de dejar de fumar alguna vez. |
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Año nuevo, vida sin malos humos
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Aprender idiomas, practicar ejercicio o ponerse a dieta son algunos de los propósitos que mucha gente se hace por estas fechas. El nuevo año en perspectiva anima a soñar con actividades y metas. Dejar de fumar es uno de los objetivos estrella.
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Lucía Mesado
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dejé de fumar hace ya casi seis años por una apuesta. Pero lo echo de menos, me fumaría diez cigarrillos al día si pudiera", asegura Nagore Arana. "Antes podía terminar más de un una cajetilla al día. Me encantaba y me encanta fumar", confiesa.
Los que nunca se han enganchado a la nicotina difícilmente pueden hacerse una idea del placer que supone para otros fumarse un cigarro con el café, después de comer, o antes de acostarse. Pero el tabaco ha pasado de ser un hábito como otro cualquiera a convertirse en un vicio perseguido por la ley. Para lograr llevar una vida más saludable, muchos fumadores aprovechan el comienzo del año para hacerse una firme propuesta: tener una vida sin humo.
Fumarse el último pitillo y tirar la cajetilla a la basura es una ardua tarea, y cada persona reacciona de una manera. Algunos lo consiguen por su cuenta, con lo que ellos creen que es fuerza de voluntad, pero otros asumen que necesitan ayuda. Hasta la fecha, febrero de 2007 se ha convertido en el mes en que más fumadores buscaron ayuda para dejar este hábito. Nerea Arana y Maider García representan dos casos de ex fumadoras, más convencida de la decisión tomada la segunda que la primera. Los motivos personales que les empujaron a dejar de fumar explican cómo se encuentran en la actualidad.
la lucha contra el tabaco Distintos puntos de vista
"Yo nunca me había planteado dejarlo, me sentía bien a pesar de lo que me decía la gente", asegura García. "Pero cuando me quedé embarazada no me lo pensé dos veces y lo dejé de forma radical. Ya no he vuelto a tener un cigarro entre los labios y no lo echo de menos".
Maider García reconoce que comenzó a fumar algún cigarro a "esa edad tonta, a los 15 ó 16", los fines de semana, y que ya se convirtió en un hábito regular cuando cumplió los 19 ó 20. "Ya ha pasado mucho tiempo y no me acuerdo muy bien, pero tampoco he sido nunca una fumadora compulsiva. No consumía una cajetilla diaria ni mucho menos".
En cambio, Nerea Arana era todo lo contrario. Ella no quería dejarlo. "A través de una apuesta tuve el compromiso de ir a una consulta médica para dejar de fumar", explica. "Por vergüenza y por respeto al médico que me había atendido decidí hacerle caso y no fumé la semana siguiente. Así hasta el día de hoy", señala.
Y es que, según el estudio Support, realizado por la compañía Harris Interactive, el 73% de los fumadores, sobre una muestra de 2.510, ha tratado de dejarlo alguna vez. El 57% cree que es una de las cosas más difíciles a las que se han enfrentado en la vida y el 59% considera que el apoyo médico es fundamental para lograrlo.
"Cuando llegué a la consulta me hicieron una radiografía, rellené un test y me pidieron que no diera ni una sola calada hasta la semana siguiente. Me dijeron que si caía, lo confesara, porque con las pruebas que me iban a hacer me lo detectarían", señala Arana. "Lo conté en el trabajo y mis compañeros me vigilaban para que no cayera en la tentación".
Engordar ocho kilos es el precio que Nerea Arana pagó por dejar su vicio, pero sin lugar a dudas y aunque le gustaría poder fumar como antes, se siente contenta con su decisión por los beneficios que ésta acarreará a su salud. "El médico de la consulta me dijo que estaba en el momento ideal para dejarlo porque aún no tenía nada a causa del tabaco, pero que si seguía así en diez años desarrollaría alguna enfermedad", concluye Nerea Arana.
"Yo era una fumadora atípica, no encendía un cigarro hasta que no me ponía a trabajar frente al ordenador", recuerda Maider García, quien asegura que "podía estar muchas horas sin fumar". "Ahora he desarrollado una aversión física al humo. No puedo estar en un bar de gente fumadora porque me sienta mal al estómago y todo".
propósitos inalcanzables Frustración o depresión
Pensar en apuntarnos al gimnasio, empezar una dieta saludable o incluso cambiar de pareja, porque hasta los divorcios se incrementan en los primeros meses del año, son algunos de los clásicos propósitos que uno se hace en estas fechas. Sin embargo, el psiquiatra Florencio Moneo, en una reunión donde trató de los trastornos psiquiátricos más frecuentes de estas fechas, explicó que "es necesario pararse, reflexionar y poner un orden de prioridades donde primero esté la salud, al lado de la familia y de las relaciones de amistad".
El final de diciembre es el momento más propicio para hacer balance del cumplimiento de los objetivos planteados en el año anterior. Esto, según el psiquiatra Moneo, ayuda a establecer unos objetivos mínimos de cara al año que entra, pero "conviene realizarlo de manera razonable para evitar posibles problemas doce meses después". "Los propósitos que nos marcamos en nuestra sociedad son en muchas ocasiones bastante irrazonables -explica-. La principal causa de esto se encuentra en la propia dinámica de vida que llevamos, donde la rapidez y el apresuramiento nos dejan poco tiempo para pensar y reflexionar y plantearnos metas más realistas".
Idealizar los objetivos puede llevar a que las personas se descompensen y empiecen a mostrar síntomas depresivos. "Al principio pueden aparecer signos de infelicidad, que después pueden devenir en depresión, ansiedad o en crisis de angustia o incluso en crisis de pánico", puntualiza Florencio Moneo. "Pararnos a contar hasta diez y darnos un tiempo de reflexión es la manera para establecer unas metas acordes a nuestras circunstancias, motivadoras, reales y, sobre todo, alcanzables".
saber decir 'no' Las numerosas invitaciones que se producen durante las navidades y los cientos de reclamos publicitarios a los que estamos expuestos hacen que en muchas ocasiones la persona se vea coartada para decir no. "Muchas veces nos vemos abocados al consumismo carente de sentido y basado en el gasto inmediato", asegura el psiquiatra, para quien "hay que trasmitir valores que estamos perdiendo y que tienen que ver con la solidaridad". |
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