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Abel Barriola culmina su viaje del sótano al ático
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El de Leitza olvida las lesiones y logra el trofeo auvol al mejor pelotari del año por su regularidad
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C.ortuzar
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bilbao. Abel Barriola resucitó hace un año. Su derecha volvió a bombear sangre. Tiempo atrás las tenía atascada. Congelada. Parada. Sin manos un pelotari no es nada. Un ser inanimado. Un guiñapo. En aquellos días Barriola penaba de continuo. Nazareno. Con los pies descalzos en una alfombra espinada. Punzante. Cortante. Le rescató una operación quirúrgica y su carga genética. En el quirófano le limpiaron las venas. Su pasión por la pelota, su cabezonería por regresar al lugar de donde procedía, le catapultaron definitivamente al pelotari mayúsculo. Abel se reconocía en el espejo. Renacimiento.
Sin galones, aniquilados por las dolencias, el zaguero de Leitza asomó desde el sótano en cada competición. En todas, salvo en el Parejas en el que no participó por decisión empresarial, alcanzó el ático. La cumbre. Finalista del Cuatro y Medio en 2006 y 2007 y finalista también en el Manomanista de la pasada edición. Nadie ha estado tan cerca de la gloria sin degustarla. Poulidor. Sabor amargo. Ocurre que una revisión profunda y más justa sobre su rendimiento alumbran a Abel como el pelotari más regular de la campaña y más tendiendo en cuenta desde el lugar del que ha alcanzado todas las finales de los campeonatos en los que ha participado.
Además de los campeonatos oficiales, donde se mide la competitividad, el brillo del pelotari navarro se posó en un fantástico verano. Junto a Oinatz Bengoetxea logró triunfar en el Ciudad de San Sebastián y en la Feria de San Mateo, además de ser finalista en el Torneo de San Fermín, así como en el Cuatro y Medio Navarro. |
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