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Titín III realiza su sueño en la final más epidérmica
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El de tricio obtiene a los 38 años su primera txapela en la jaula en el momento deportivo de la temporada.
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C.ortuzar
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bilbao. En ocasiones los sentimientos solapan la competición. La aplastan. La aniquilan. Una avalancha de sensaciones arrasaron la final del Cuatro y Medio que enfrentó a Titín III y Abel Barriola el 2 de diciembre en el Ogueta de Gasteiz. A media tarde de aquel día plomizo con el viento acuchilleando los rostros, se consumó el sueño de Augusto Ibáñez, Titín III, que había perdido a su padre una semana antes en Tricio, su pueblo natal. Con el último tanto del riojano, de saque, se desbordó un inmenso caudal de sentimientos encontrados. De subidas y bajadas, de congoja, de angustia, de recuerdos, de memoria y de felicidad. Nunca una final dispuso tantos elementos para hacerla epidérmica. Para enviarla al estómago de tanta personas. Tanto a los seguidores de Augusto como a los de Abel. Una jornada que superó a todos. A sus protagonistas, a los botilleros, a los pelotazales e incluso a los medio de comunicación. Las crónicas fueron estomacales. Sin demasiados filtros. Un reencuentro con lo pasional, con lo incontrolable. Con el instinto.
Augusto, que ha finalizado el año con más de cien duelos en los tacos, conquistó su primera txapela individual tras ceder diez años atrás frente a Julián Retegi, en el mismo escenario, en uno de los partidos más recordados de la historia. Jorge Nagore le arrebató la final en su segunda final dentro del acotado. Con 38 años largos, cumplirá 39 en escasas fechas, el de Tricio se rebeló y en una arrancada a puro galope encaminó el título. Abel se rehizo y gozó de varias oportunidades para voltear el partido. El destino, sin embargo, se había decantado por el sueño de Augusto. |
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