DICEN que los números hablan por sí solos. Que delatan. Y éstos ponen a Andoni Iraola en un lugar privilegiado. El de Usurbil se ha convertido en todo un referente en sus cuatro temporadas y media como león.Ha alcanzado ya la cifra de 175 encuentros como rojiblanco, lo que indica que se trata de un jugador con un enorme peso. En el curso pasado ejerció como tal. Volvió a dejar patente esa clase de la que ha hecho gala desde que debutara en la jornada inaugural de la temporada 2003-04 ante el Barcelona en San Mamés. Desde entonces, Iraola ha contado para todos los entrenadores que han dirigido al Athletic. Los partidos que se ha perdido cada ejercicio se pueden contar con los dedos de la mano. Otro dato revelador. Iraola, un espejo donde mirarse, se ha vuelto a hacer acreedor del premio DEIA a la Regularidad. Nada nuevo para él, ya que ha cosechado este mismo entorchado en las dos ediciones anteriores.Más regularidad. Iraola no dudó en recalar en Lezama a sus 17 años. Fruto de la excelsa cosecha del Antiguoko, el guipuzcoano lo tenía claro. Era una promesa codiciada ya por varios clubes, entre ellos la Real Sociedad, el equipo de muchos de sus amigos de Usurbil. Pero hizo valer su sentimiento hacia el Athletic. Su sueño ya era realidad. Iraola cumplió en sus cuatro años en las categorías inferiores del Athletic las expectativas sobre su persona. Su talento no tardó en emerger. ErnestoValverde no dudó ni un ápice en darle paso. Y la parroquia rojiblanca bien que lo agradeció. El de Usurbil dejó patente su clase, su gran calidad técnica y humana a la vez. Con el paso de los partidos, creció a pasos agigantados. Demostró su polivalencia.
Tanto como lateral, interior e incluso como pivote en la medular. Y siempre con el aval de la solvencia. Un jugador moderno, un fruto de Lezama que se pone de ejemplo para las futuras generaciones.
Iraola, que tiene contrato hasta junio de 2010, ha sabido estar a las duras y a las maduras. En la temporada pasada tocó estar a las duras. No fueron momentos gratos para el Athletic. Más bien fueron angustiosos. Y el guipuzcoano –al que el mismísimo Ronaldinho le honró en la presentación de su biografía al apuntarle como el mejor defensa que le había marcado en su carrera– supo estar en esos días de vértigo. Autor de cinco goles, tres de sus dianas sirvieron para sumar seis puntos vitales en la lucha por la permanencia. Uno de ellos llegó en la victoria en Tarragona ante el Nàstic (2-3), pero lo que quedará en la retina fue el doblete que firmó en Anoeta ante la Real (0-2). Pese a sus 25 años de edad, parece todo un veterano. Será porque la afición rojiblanca está acostumbrada a verle domingo tras domingo.