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Mesa de redacción
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Urbanitas
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Juan Carlos Ibarra
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EL Ayuntamiento de Bilbao ha sido condenado a pagar una indemnización a un ciudadano que había presentado una demanda por el ruido del camión de la basura. Los vecinos de la calle Sabino Arana se muestran indignados por el retraso que se va a producir en la eliminación del vial que da acceso a la villa desde la A-8. Los ciudadanos en general están molestos por las pocas zonas verdes con las que cuenta la capital vizcaina en comparación con el espacio ocupado por el hormigón y el asfalto. El horario de los establecimientos de hostelería suele ser objeto de encendida controversia, principalmente en lo que respecta a las horas nocturnas y a las zonas de ambiente. Los atascos generan comentarios del tipo "media hora he tardado en llegar desde Mazarredo hasta San Mamés" entre vecinos de Bilbao que no dan descanso al coche ni cuando van a comprar el pan. Las obras son objeto de inmisericordes críticas porque obligan a cambios en el tráfico, estrechan las aceras, provocan ruidos y afean el paisaje urbano. Esporádicos acontecimientos culturales, deportivos y sociales reducen las ya de por sí limitadas plazas de aparcamiento, sujetas además a la tiranía rotatoria de la OTA. El tráfico dispara los índices de contaminación y los malos humos se enseñorean de la ciudad, contagiando su estresante actividad a todo el que intenta transitar a un paso normal por las aceras. Vivir así es una opción o una obligación. "¿Cómo puedes vivir en un pueblo tan pequeño? ¿No te mueres de aburrimiento?", le dijo el otro día un bilbaino de-toda-la-vida a un amigo. "Lo que me aburre de verdad es oír las loas y las quejas de los urbanista convencidos sobre esto que hoy es paraíso y mañana infierno", tiró la piedra el aldeano. Y se fue tranquilamente al monte.
jcibarra@deia.com |
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