DEIA
Registro | Conectar
ULTIMA HORA EDICIÓN IMPRESA SUPLEMENTOS ESPECIALES CANALES SERVICIOS
10-01-2008
Herrialdeak Gizartea Iritzia Politika Mundua Ekonomia Kirolak Begira Telebista Azkena
Iritzia
Gutunak
Gure Iritzia
La ideología y los programas de los partidos políticos
Gutun Nagusia
Ingenuos
Aforismos
Txina eta Dakar
Los rostros del día
Dicen...
La ideología y los programas de los partidos políticos
Mitxel Unzueta
en los estudios sobre los partidos políticos suele hablarse de la distinción entre lo que es su ideología y lo que son sus planteamientos, a la hora de hacer propuestas a las sociedades en las que se mueven. Puede parecer una distinción especulativa, pero no es así. Tiene su importancia.

De una forma sintética, suele definirse la ideología como el conjunto de sentimientos, creencias y aspiraciones compartidas, en torno a las cuales se articula y aglutina un colectivo político. Son imágenes de un estado de cosas deseado o deseable, surgidas de las vicisitudes de la historia. Porque es difícil que se realicen plenamente, siguen siendo ideales. Suele decirse que es bueno desear algo, incluso aunque sepas que está fuera de la realidad de un determinado momento. La historia da muchas vueltas y la ilusión y la esperanza son motores de la misma.

Por contra, las propuestas de acción, lo programas, generalmente electorales, quedan definidos por una relación entre ideología y las demandas que ofrece la realidad, apreciadas a través de la experiencia. Ésta nos enseña que los ideales son realizables, pero, en parte. Hay una interacción constante entre lo que pienso, por qué lo pienso y lo que puedo, pero esa relación debe ser muy cuidadosamente establecida. Cuando se entrometen los hechos, es peligroso confundirlo todo.

Las ideologías permanecen, mientras que las propuestas y programas sufren las tensiones de una reconstrucción constante, por las exigencias de la realidad cambiante. No es que las ideologías sean eternas, pero su evolución responde a factores de otro orden, diferentes a las necesidades de cada día.

Con una visión elemental, puede pensarse que los programas tienen que ajustarse a la ideología, de forma que unas y otras se confundan. No es así; no lo es por la sencilla razón de que las ideologías de los partidos tienen afinidades con unos sectores sociales y no con otros. Vivimos en una sociedad enormemente compleja y variada y es imposible contentar a todos. Entre los que aceptan una ideología y los que la rechazan, en medio, quedan otros grupos que pueden dar o no su apoyo, en función de lo que se les proponga, y cómo se les hace la propuesta. Para ellos, la ideología pura no cuenta, o cuenta poco. Es en esta zona de la colectividad, donde la diferencia a que me refiero tiene su mayor importancia.

En teoría, esta diferenciación puede parecer sencilla. En la práctica no lo es ya que la frontera entre ideología y programa, dependen de las circunstancias cambiantes, de cada sociedad y de cada momento. El programa no puede desnaturalizar la ideología pero, a la vez, no puede vender toda la ideología, si al mismo tiempo, se quiere que resulte atractivo a sectores sociales más amplios que los que comparten la ideología. Es un equilibrio difícil. La intuición de los políticos y su capacidad para conectar con las demandas de los segmentos sociales, cuya adhesión se desea, manteniendo la cohesión del grupo, es lo que determina esa frontera.

Si aplicásemos estos criterios al actual abanico de partidos, un examen sencillo nos ofrecería el siguiente panorama.

Para la izquierda abertzale que ha venido apoyando a Batasuna, la diferencia carecería de trascendencia.

Su programa siempre ha sido el rechazo total del entramado institucional y social actual. Su pretensión es crear una realidad nueva, socialista e independiente, entendiendo ambas exigencias como un todo indisoluble. Como nada hay que salvar, ideología y programa se confunden.

Por razones diferentes, con el PP de Aznar sucede algo parecido. Aznar no fue un político de ideologías. Su legado ha sido un ultranacionalismo español y una visión autoritaria del poder, circunstancias que les han permitido convertir en ideología las propuestas de cada momento.

Por contra, en su momento, el PSOE demostró su capacidad de diferenciación y adaptación. Cuando apareció en escena en la transición, lo hizo con un marcado carácter de ideologización marxista. A medida que nos íbamos acercando a las elecciones generales de 1982, viendo cómo se producía la descomposición de UCD (un conglomerado de ideologías, sin cohesión), comprendió que el poder estaba al alcance de su mano. En ese momento supo darse cuenta de que tenía que seducir a un segmento del centro, desilusionado con UCD, y que, para conseguirlo, había que superar un obstáculo: las barbas de Marx, que espantaban a mucha gente. Reunió el XXIX (1981) Congreso, y retiró el icono de Marx, del altar de su ideología. Ganó las elecciones.

Más difícil de diagnosticar es el caso del PNV. No es posible resumir en unas líneas, su centenaria historia. Tengo la impresión de que no ha desarrollado debates suficientes que permitieran establecer los contornos de lo que es ideología y lo que es el programa de cada momento. Cuando se han producido, ha ocurrido en el nivel de los dirigentes; rara vez en las bases. Su posición de partido nacional vasco, frente al nacionalismo español, y la complejidad de la sociedad vasca, no han hecho fácil el trabajo. En general, ideología y programa, han solido aparecer muchas veces mezclados, lo que ha permitido que, desde la acera contraria, se hayan hecho muchas valoraciones injustas, y poco realistas. También ha dado origen a conocidas manifestaciones contradictorias, de algunos dirigentes.

Explicándolo de una forma didáctica, podríamos decir que la afirmación de que el pueblo vasco constituye una nación y, como tal, tiene el derecho a organizar su propio futuro, pertenece al nivel de la ideología.

Por contra, promover el desarrollo del Estatuto, o su reforma, o un pacto de Estado, vía Disposición Adicional Primera de la Constitución, adaptándose a la plurinacionalidad latente, son opciones que pueden servir para el desarrollo a la ideología, por responder mejor, en cada caso, a las demandas sociales mayoritarias, sin que ello pueda ser interpretado como renuncia o desnaturalización de la ideología. Ello no es obstáculo a que la ideología siga permaneciendo.

Al no haberse profundizado en esta distinción, con frecuencia se ha creído, al menos por algunos, que no hacer pronunciamientos extremos sobre independencia o soberanismo, o expresar un discurso estatutario, supone mantener posiciones poco nacionalistas, cuando, en realidad, lo único que supone es ser o no ser radical. La calidad del nacionalismo no se mide por parámetros de estridencia, sino por la excelencia en la forma de gestionar la articulación de la nación, acercándose y convenciendo a cuantos sea posible.

(Mi alusión a la radicalidad se refiere a la que algunos consideran debe practicarse como sistema, no a la que, a veces, las circunstancias de la vida imponen como una necesidad).

Aglutinar a una sociedad compleja requiere sacrificios ideológicos, que no tienen por qué ser renuncias. Todo depende de cómo se presenten las cosas. El propio Sabino de Arana fue consciente de esta realidad.

Hay que reconocer que hasta el presente, a pesar de lo dicho, ha sido posible la convivencia entre quienes priman la ideología, frente a quienes priman la praxis. Ha sido posible porque, para éstos, la idea de la independencia, no produce repugnancia y, a la vez, los primeros, nunca han hecho ascos a la autonomía. Esta situación ha estado aglutinada por la carga emocional acumulada durante tantos años de represión, pero éste no es el caso del futuro, si confiamos en que el sistema democrático sobreviva. En ese futuro deberá actuarse con otros estilos. El factor aglutinante habrá que situarlo en torno al atractivo del programa, respaldado por una ideología rica en valores.

Por lo que conozco del contenido del discurso de Urkullu, al ser investido al cargo que ocupa en el EBB, a juzgar por algunas manifestaciones, tengo la sensación de que, se ha tratado de diferenciar el plano de la ideología, del plano de la praxis. Si es así, es una buena noticia.
PROMOCIONES  
COLECCIÓN HITCHCOCK
Disfrute cada sábado con las 14 obras fundamentales de Sir Alfred Hitchcock.
PORTÁTIL AIRIS
Sólo con DEIA este portátil a 0€ adquiriendo 36 meses de conexión a internet 3G.
EMOCIÓNATE CON KARAJAN
DEIA te ofrece una edición especial con los conciertos más emblemáticos de Karajan.
CÁMARA DIGITAL AIRIS
Captura tus mejores momentos con DEIA.
Más promociones...
Acerca de Deia Suscríbase al periódico DEIA Promociones Publicidad Contacto Mapa web Añadir a favoritos
© Editorial Iparraguirre  |  Aviso Legal  |  Privacidad
Enlaces recomendados: Peluquerías | Pintores | Muebles de cocina | Casa rural | Apartahoteles | Informática | Pisos e imbobiliarias | Tiendas de deportes | Hogar y reformas | Electrodomésticos | Concesionarios | Traducción | Farmacias | Floristerías | Agencias de viaje | Psicólogos | Hoteles en Navarra | Piscinas | Seguros | Abogados | Trabajo | Hoteles en Madrid | Hoteles en Barcelona | Hosting |