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Baño de flashes en el recientemente recuperado pórtico de Santa María. |
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La homilía galesa
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Follett y Santa María volvieron a encontrarse. Los pilares del templo sirvieron también para sostener la base de su último trabajo, otro éxito de este escritor que toca el bajo pero no se siente estrella del rock.
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David Mangana
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uN enorme tríptico reposa vecino a las alturas del pórtico. Los fotógrafos y cámaras se encaraman a los relieves. La entrada al templo de Santa María es una sala de prensa. En el centro del tríptico, el rostro del protagonista observa todo con detalle.
La imagen es sólo una representación, como las ficciones que desde hace décadas escribe Ken Follett. El galés camina por las pasarelas de la nave central, con un ejemplar de su último libro debajo del brazo. Los objetivos no pierden ojo de su paseo, de su particular homilía silenciosa, del posado de rigor que exige toda presentación. El baile se prolonga por espacio de media hora.
Follett llega relajado ante los medios, tras discurrir por la alfombra roja dispuesta sobre la estructura metálica que miles de visitantes han recorrido. También él. ¿Qué halló en Santa María?¿Qué encontró en el templo y volcó en sus páginas? "Busqué y copié básicamente los problemas estructurales que padecía la catedral en sus cimientos y los trasladé a la catedral de Kingsbridge", explicó el autor.
Flashes, alfombras, multitudes. No parecen complementos propios de un escritor. "Pero ser un escritor de best-sellers no es como ser una estrella del rock. Aquí no hay groupies y además las estrellas del rock van a dormir justo cuando yo me levanto por la mañana". Follett se siente privilegiado. Por haber podido recorrer diferentes edificios medievales, por poder retrotraerse in situ y elaborar la base de sus escenas caminando el priorato de Kingsbride o vetustas callejuelas como las de la almendra vitoriana. Por sus récords de ventas, que nunca llega a asimilar. ¿Por qué vende más en Noruega que en Suecia?
Antes se sintió nervioso. Por conseguir que la secuela de Los pilares de la tierra estuviera a la altura. "Este libro ha ocupado un lugar muy especial. Mucha gente lo ha leído dos o tres veces y muchos han dicho que es el mejor libro que han leído jamás". Los dos volúmenes no son precisamente de los de leer en el autobús. "Quería que ambos fueran largos porque lo que abordan es toda la vida de los personajes, su infancia, su adolescencia, cuando llegan a adultos, y este proceso es muy complejo, pero para el lector es más satisfactorio, porque vive la experiencia de principio a fin". Follett se confiesa. Acabar un libro es como despedir a esos invitados que han pasado el fin de semana en casa. Lo has pasado bien con ellos, pero es un alivio.
Follett tiende a huir de Hollywood. Ve más el libro como una serie que como un largometraje. A quienes siguen sus líneas como fotogramas no les hace falta que nadie las lleve a una pantalla. Muchos de ellos esperan a las puertas del templo. Quieren una rúbrica del visitante del año. Más letras de Follett. |
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