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Álex de la Iglesia (en el centro) abraza amistosamente al actor John Hurt y a Leonord Watling. Foto: efe |
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"Disfruto siendo un aprendiz mediocre de Hitchcock", afirma Álex de la Iglesia
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Le acompañaron los principales actores de la película, el joven Elijah Wood, John Hurt y Leonor Watling.
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e. press
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madrid. Álex de la Iglesia reconoció ayer que "es obvio" que Los crímenes de Oxford, su última película, tiene "un padre mental" que no es otro que Alfred Hitchcock, del que se considera "un aprendiz mediocre". El responsable de títulos como El día de la bestia, Perdita Durango o La comunidad regresa a los cines el próximo viernes con este filme de "misterio muy clásico", protagonizado por el joven Elijah Wood, el veterano John Hurt y Leonor Watling.
"Hay cosas que son obvias y la película tiene un padre mental: Hitchcock, que es más que un director; es una manera de ser, un género en sí mismo", afirmó ayer en Madrid De la Iglesia, un cineasta que "disfruta" jugando a ser "como un filósofo mediocre". "Soy un pobre idiota que da vueltas a las ideas de otro y que trata de hacer la vida más interesante", bromeó.
En Los crímenes de Oxford, una coproducción que ha contado con un presupuesto de 8 millones de euros, De la Iglesia lleva a la gran pantalla la adaptación de la novela de Guillermo Martínez. Al estilo clásico de las películas de asesinatos y misterio, la cinta muestra la confrontación entre dos personajes: Arthur Seldom (Hurt), un prestigioso profesor de Lógica; y Martin (Wood), un estudiante americano de matemáticas.
Ambos intentarán descubrir quién es el autor de una serie de crímenes, que parecen llevar una serie lógica. La primera muerte es la de la anciana de la casa en la que Martin se hospeda durante su estancia en Oxford, que le permitirá conocer al prestigioso Seldom. En medio de la trama, dos mujeres: Beth, la hija de la difunta; y Lorna (Watling), con quien Martin hace buenas migas desde el principio.
Dos visiones De la Iglesia quiso profundizar sobre los dos puntos de vista "contradictorios" que están en Los crímenes del Oxford. Por un lado, el profesor que "sabe demasiado, lo ha estudiado todo y descubre que no cree en nada, desconfía de todo y evita vivir refugiándose en los libros"; y, por otro, Martin, "que confía en sí mismo y está convencido de que es el más listo".
"Esa es la chispa de la película", precisó De la Iglesia, reconociendo que él se encuentra entre ambos personajes, al desconfiar y a la vez creer "que en algún momento llegará el Séptimo de Caballería y nos salvará a todos". Sobre la acción dijo que "está más en lo que se dice que en lo que se hace" y que ha dado más importancia a los diálogos, rodados en inglés, algo que le ha supuesto una pequeña dificultad ya que su inglés no es perfecto. "He aprendido mucho con esta película", apuntó.
El director negó que con este filme cambie de rumbo en su trayectoria. "Muchas de mis películas no son comedias, aunque puedan parecerlo. En ésta no hay comedia, es más bien un drama", afirmó un cineasta que disfruta haciendo cine si se enfrenta a "proyectos atractivos y apasionantes, que supongan un reto", como lo fue éste.
"Martin descubre que todos somos un poco asesinos", prosiguió De la Iglesia, quien consideró que Wood, que trabaja desde que tenía ocho años en el cine, es un actor "extraordinario, humilde y maravilloso". |
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