|
|
|
Barnealdea
|
|
Sueños negros
|
|
José A. Díez Alday
|
|
 |
|
FALTAN las palabras y sobran los sentimientos para calificar la sesión bursátil vivida ayer. Fue un auténtico huracán que asoló las bolsas con pérdidas históricas. Las mayores que se recuerdan en esta primera década del siglo XXI. Los inversores sufrieron el vértigo de un precipicio bajo unos pies apoyados en una frágil pasarela y por ello dedicaron toda la sesión a mandar órdenes de venta. Ni tan siquiera cuando los atentados a las torres gemelas de Nueva York o los del 11-M se ha conocido un pánico similar. Este lunes, que EE.UU. celebra como el memorial Martin Luther King, pasará a la historia como uno de los días más negros para la renta variable. Lunes negro para un mercado que no es un reflejo mimético de la economía. Sin embargo, el desplome bursátil tiene una causalidad múltiple, que afecta directamente al eje central de la globalización económica. Es cierto que el detonante reside en la crisis de los créditos basura, pero esconde un problema estructural mucho más grave y profundo. El huracán agita las ramas bursátiles del gran árbol económico, cuyo tronco está dañado, enfermo, agotado. Los inversores han evidenciado que no son suficientes medidas fiscales como las anunciadas por Bush para EE.UU., porque se trata de medidas legislativas que, en el mejor de los casos, pueden tener su eficacia dentro de un año, cuando empresas y consumidores vean reducir su aportación cuando hagan sus correspondientes declaraciones fiscales. La economía necesita de las empresas y los consumidores, como también necesita de los bancos, pero éstos desconfían entre sí y se saben vigilados porque pueden esconder más basura de la que se conoce. Hasta ahora, las medidas adoptadas desde los bancos centrales (Reserva Federal y BCE) han sido insuficientes y las malas noticias empiezan a llegar desde los balances anuales de los bancos, pero también desde el tejido empresarial y desde los consumidores. En ambos casos se reduce la demanda de créditos ante las dificultades que ponen los bancos. Parece evidente que se han terminado las "vacas gordas". Una situación como la que se está viviendo en Bolsa ha estado rodeada de momentos excepcionales, como conflictos bélicos o atentados. Ahora no se viven esas excepciones, sin embargo, es urgente una reactivación económica si se quiere salir de esta situación, lo cual pasa por medidas espectaculares, convincentes, diáfanas e inmediatas, como parece que las tomará, a finales de este mes la FED en EE.UU. en materia de tipos de interés. Ahora sólo resta por saber lo que puede hacer el BCE. Quedarse en la ambigua política antiinflacionista puede ser igual de eficaz que esperar a ver si el huracán derriba o no el árbol. Claro que, como dijo el poeta, "los sueños, sueños son" y éste parece que se acabó. |
|