Xabier Azanza ha cambiado su trabajo ligado a los avatares del mercado por otro mundo no menos variable: el campo del euskera. Debuta al frente de una institución que también es nueva, el Instituto Navarro del Vascuence (ENAI). Muchas miradas están puestas sobre él iruñea. El movimiento de visitas, llamadas y recados que reina en la tercera planta de Educación donde provisionalmente se aloja el Instituto Navarro del Vascuence es muestra de que se trata todavía de una entidad en construcción y, por otro lado, de que su máximo responsable, novato en lo que es el engranaje cuadriculado de la Administración, está decidido a imprimir un fuerte ritmo a esta institución. Entre cita y cita, Azanza desgrana algunas de sus reflexiones.
Hablemos de la Ley del Vascuence. En su nombramiento ha asumido que ése será el terreno de juego en el que se moverá ya que hoy por hoy el Gobierno no prevé modificarla... ¿Puede dar más de sí?
La Ley del Vascuence, aunque tiene ese tema de la zonificación, no prohíbe nada. Es decir, parecía que el modelo D no era posible en la zona no vascófona y ahora se está discutiendo si se implanta el modelo D en Noain. La ley no prohíbe el modelo D, otra cosa es que no ampare un derecho exigible por parte de los padres, pero con voluntad política se puede hacer. Y como eso, hay muchos otros ejemplos que se podrían poner en cuanto a rotulaciones, valoración del euskera para acceder a la función pública... Todo depende de la voluntad política.
La comunidad euskaldun de Nafarroa lleva tiempo analizando con sentido autocrítico qué se ha hecho bien y qué mal en el desarrollo de la lengua.
Bueno, hay cosas que se han hecho bien y otras no tan bien. Siempre me viene a la cabeza la frase esa de Hizkuntza ez da galtzen ez dakitenek ikasten ez dutelako, dakitenek hitz egiten ez dutelako baizik (la lengua no se pierde porque los que no lo saben no lo aprenden, sino porque no lo hablan los que lo conocen). Las mediciones sobre uso del idioma respecto al del conocimiento constatan esto. Esto es una responsabilidad de los vascoparlantes.
Sin embargo, una de claves de un proceso de normalización lingüística es que la Administración genere el espacio para poder hablar esa lengua. Los derechos sin poder ejercitarlos no sirven para nada.
Está claro que nosotros tenemos que hacer cosas para generar oportunidades para que se hable más a nivel de medios de comunicación, de euskaltegis, la rotulación de la carreteras... Son movimientos de coste escaso que se traducirían en mayor presencia del euskera.
En este contexto hay dos ideas clave que suelen chocar: la discriminación positiva y la igualdad. ¿Usted contrataría a una persona porque sabe euskera o porque es un buen profesional?
Habrá que buscar un buen profesional que hable euskera y a ser posible otras lenguas. No está reñido. Siempre he sido partidario de la discriminación positiva en cualquier nivel porque permite al más débil participar en igualdad de oportunidades. En el caso del euskera y la Administración no se traduce en una discriminación del castellanoparlante, sino en aplicarla con graduación y proporcionalidad para que los euskaldunes también puedan ser atendidos en euskera.
Pérez Nievas prometió una radio en euskera, el modelo D en la comarca y revocar los decretos de la Administración ¿Lo cumplirá?
Si lo dijo, creo que sí. Lo de la radio está claro. El tema de la comarca se producirá si hay demanda, y estamos analizando los decretos de la época de Alli y Sanz de 1994 para ver si es posible recuperarlos.