Pánico en la Bolsa El desplome generalizado, con el Ibex-35 experimentando la mayor caída de su historia, es debido al miedo a una importante recesión de la economía y a la total desconfianza en el futuro, por lo que urgen medidas correctoras.
lA Bolsa vivió ayer una jornada de auténtico pánico. La crisis bursátil que se lleva viviendo desde finales del año pasado y que ha ido in crescendo dejó paso a un desplome generalizado que batió todos los récords. El Ibex-35 sufrió la mayor caída de su historia -su creación data de 1992- y cerró con unas pérdidas del 7,54%, con una bajada superior a los mil puntos en tan sólo una jornada hasta los 12.625,8 puntos. Este nuevo lunes negro -no existía la referencia de Wall Street, ya que ayer fue jornada festiva en Estados Unidos- ha supuesto un desplome tal que ha superado incluso el último gran golpe, que tuvo lugar tras el ataque terrorista del 11-S en Nueva York. En esta ocasión, por contra, ningún hecho concreto, ningún acontecimiento especial, ha sido el detonante último del derrumbe. Es un dato muy significativo y a tener en cuenta, ya que supone no sólo que hay múltiples causas de lo ocurrido sino que la crisis, la desconfianza absoluta de los inversores, está muy instalada y se corre el riesgo de que se prolongue en el tiempo, aumentando aún más el pánico. Es posible que en los próximos días se produzca un repunte lógico en las Bolsas, pero ello no significa de ningún modo que se haya zanjado la cuestión. Hay que tener en cuenta, también, que el derrumbe de ayer fue generalizado también en todos los sectores. Ninguno logró salvarse de la quema. Las empresas vascas sufrieron en sus propias carnes el efecto vendedor, hasta el punto de que Iberdrola experimentó la mayor bajada, nada menos que un 12,6%. A falta de una mayor concreción que pueda completarse con más datos que lleguen en los próximos días según la evolución de los parqués, el batacazo de ayer de la Bolsa puede ser un aviso fehaciente de una crisis larvada que no se agota únicamente en el por otra parte lógico miedo a una recesión galopante en Estados Unidos que afecte a toda la economía en un mundo globalizado. De nada han servido ni las medidas anunciadas recientemente por George Bush, ni las de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo. La desconfianza, como la economía, también es global y las soluciones deben tener también carácter general o no serán sino un amenazante parche futuro. Lo que está ocurriendo en la Bolsa es un signo inequívoco del temor a una importante recesión, porque todos los indicadores así lo señalan. Y lo advierten. Como lo perciben los ciudadanos, que ven la espada de Damocles sobre sus cabezas por mucho que el vicepresidente y ministro español de Economía, Pedro Solbes -empeñado en demasiadas ocasiones en tratar de minimizar u ocultar lo evidente- pretenda tranquilizar los ánimos y asegure que "no hay que exagerar". En efecto, no hay que exagerar. Pero tampoco cruzarse de brazos. Hay señales de declive y de desaceleración. Se trata de poner los medios para corregir la tendencia y evitar una grave crisis.